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De rodillas ante la delincuencia

editorial

Nuestra sociedad ha llegado a un punto crítico en el que la delincuencia se ha convertido en parte de nuestro día a día. En la actualidad se reconoce la trascendencia de la comisión de delitos como un problema social que afecta a todos los países, tipos de sociedades y clases sociales, esto ha llevado al Estado a buscar una definición precisa sobre la delincuencia. En nuestro país se define  como “El conjunto de infracciones de fuerte incidencia social cometidas contra el orden público”.

En las personas hay dos aspectos de gran influencia que pueden llevarlas a convertirse en malhechores, estos son la conducta y la violencia de la persona, así como el ambiente en que se desenvuelve. Además, en el comportamiento y la violencia hay diversos factores que los determinan, ellos pueden ser factores internos, externos y psicológicos.

La delincuencia, siendo un problema tan grave, ha llevado a que se divida en categorías o tipos, entre los cuales se menciona el crimen organizado, la delincuencia común y la juvenil. En nuestro país la máxima manifestación de criminalidad la generan los grupos denominados maras o pandillas, los cuales realizan actos delictivos que van desde el crimen organizado hasta el común, logrando de esta forma el apoderamiento de las diferentes áreas del país; cabe mencionar que estos grupos tienen sus propios rituales y una cultura definida, en la que se establecen leyes y deberes e incluso un orden jerárquico, que les proporciona medios para alcanzar un crecimiento sustancial.

Debido a esta progresión se ha generado una bandolerismo que crea una esfera de miedo, en la cual las personas exigen al Estado el derecho a la seguridad, que este debe garantizar; sin embargo, y ante la ineficiencia de los organismos encargados en velar por la seguridad de las personas, han perdido la credibilidad en ellos y se han conformado con vivir en estas condiciones precarias que prohíben la convivencia pacífica en su propia comunidad. Otro aspecto de gran importancia que se debe tomar en cuenta son los gastos económicos que generan a la población, así como el deterioro moral que engendran en nuestra sociedad.

Los ciudadanos esperan del Estado de Guatemala, que amplíe las acciones sobre el tema y brinde un panorama real, que facilite encontrar medios para frenar estos hechos delincuenciales. Además de proporcionar herramientas que contengan el funcionamiento y orden existente en las maras que permita crear políticas de impacto, que logren de forma eficaz atacar el problema de una manera adecuada.

No es posible que en Guatemala continuemos sometidos ante el flagelo de la delincuencia sin que a nadie le importe encontrar soluciones adecuadas para una vida de concordia, y que, finalmente se sienten las bases para un desarrollo que permita canalizar el ímpetu de la juventud hacia programas educativos que los aleje del fenómeno de la delincuencia organizada que representan las maras. Es hora que el Estado tome el papel que le corresponde para garantizar la libre locomoción y una vida de concordia, apegada a los valores mínimos que permitan alcanzar el bien común, como lo reza el mandato constitucional, para el cual se ha organizado el sistema.

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