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El derecho a la educación

Hasta hoy no se ha logrado entender que la educación es un derecho humano y debe ser la espina dorsal que guíe al país,  como lo indica la Constitución de la República en el artículo 74: “los habitantes tienen derecho a recibir educación inicial, preprimaria, primaria y básica” destacándose la obligatoriedad del Estado  para garantizar el derecho, y acceso a la educación sin discriminación, gratuita, obligatoria, con una cobertura con calidad, pertinencia y equidad.

La realidad  es como  indica  Virgilio Álvarez: la cobertura cayó a 82% en la educación primaria y no hay asomo que esta pueda mejorarse. Deterioro alarmante de la infraestructura escolar de la cual además no se conocen planes para resolver semejante situación. Dificultades con  la refacción escolar y útiles. Métodos y formas de enseñanza obsoletos de carácter memorístico. Inexistencia de una evaluación de desempeño. No hay programas fehacientes para mejorar la calidad educativa, a no ser  intentos de otros   gobiernos para  atender áreas neurálgicas como Lenguaje, Matemática y profesionalización docente.

“Si las cosas no se hacen con motivación, genera aburrimiento y pereza”

Las declaraciones del Ministerio de Educación,  indican como  logro los 180 días de clases como si esto fuera el mejor remedio para mejorar la calidad. Si las cosas no se hacen con motivación, genera aburrimiento y pereza. En el  aula, el maestro tiene la compleja tarea de que el estudiante aprenda, pero para hacerlo, quien enseña debe saber qué es lo que enseña. Hasta hoy los docentes pasan  dificultades, porque muchos de ellos emplean su imaginación para sortear las limitaciones de un espacio físico inadecuado,  escasez  de recursos didácticos, de bibliotecas, de laboratorios computacionales, de lugares para que la niñez exprese su energía en el deporte, para lo cual debe  estar  alimentado, que en el caso de Guatemala, es otra de las graves carencias.

Construir una nación a partir de una buena educación, es el ideal ciudadano. Para lograrlo, el Estado   debe ponerle  atención. Pero con seriedad y no con ocurrencias. Se debe despertar la imaginación, la inquietud, formar competencias, modificar procesos de aprendizaje en el que las tecnologías de la información sean el instrumento de trabajo. Se debe aprender haciendo. Priorizar planes estratégicos. Contar con una mejor alimentación. Reparar la infraestructura y con acceso al agua potable y sanitarios. Contar con útiles, biblioteca y canchas deportivas.

De ahí, que de estos  primeros 10 meses de labor del Ministerio de Educación, solo encuentro declaraciones que expresan buenos deseos. Pero lo concreto,  lo que en verdad  cambie el rumbo al sistema educativo que arrastra un deterioro de años, aún no lo veo. Como educador y ciudadano me gustaría saber cuál es el rumbo de la educación, qué es lo que se proponen y hacia dónde marchamos en esta área tan esencial para el país. Me parece que desde este órgano del intelecto del Estado, deberían de surgir  ideas, una visión estratégica con viabilidad.

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