Home > Columnas > Metí la pata
juan-campos

Errores ¿Quién no los conoce y quién no los ha cometido?  Soy un especialista en ellos. Los cometo por montones y en ocasiones en las situaciones más obvias y sencillas para otros.  No lo planifico, me salen al natural.  No soy del tipo de persona que al despertarse se propone equivocarse lo más que pueda.  Al contrario, trato de evitarlos pero en el momento en que menos lo espero, me doy cuenta que ya lo hice.

Tal pareciera que el tema de los errores es algo esquivo al ser humano.  No nos agradan, los resultados que por lo general traen son incómodos y nos llevan de frustración dentro de las altas expectativas que tenemos nosotros mismos y las que depositan los demás sobre nosotros.  La carga es pesada, los errores cuestan mucho, se convierten en ladrones de credibilidad.  Es probablemente por estas y otras razones que reconocer que somos recurrentes en ellos no es tan sencillo.

Cometer un error es tan humano, tan común, que no debiera sorprendernos el hecho que lo hagamos.  Sin embargo no es así, el alto deseo de la excelencia nos lleva a odiarlos y repudiarlos a toda costa.  Sobre todo si hablamos en términos de liderazgo.  No esperamos un líder que se equivoque, no aceptamos que el que está a cargo cometa un error.  Si es el líder, debe ser el modelo de pulcritud, excelencia y perfección.  Si para con todos los mortales normales el estándar es la perfección, en el caso del liderazgo no es solamente el estándar sino el punto de partida.

Pero seamos honestos ¿Qué provoca en nosotros la apariencia de un líder que nunca se equivoca?  Piense por un momento en aquella persona que usted conoce y dentro de su perspectiva es escaso o nulo el índice de error.  Seguramente lo primero que provoca es un alto sentido de admiración y se convierte en un ser aspiracional.  Pero, con sinceridad, ¿le despierta confianza?  Un líder incapaz de reconocer que se ha equivocado (sobre todo cuando abiertamente nos damos cuenta que lo hace) y que no lo reconoce ¿provoca en nosotros el deseo de acudir a él en medio de una dificultad?  Difícilmente.

No estoy proponiendo una cultura de error ni de permisividad.  Creo en los altos estándares de exigencia y que la consigna de “cero errores” es válida.  Hoy la propuesta está orientada hacia la franqueza y vulnerabilidad de reconocer que somos seres imperfectos y que, independientemente lo diestro que seamos en hacer una tarea, tarde o temprano nos equivocaremos.  Tenemos el derecho a hacerlo y por lo mismo tenemos la obligación de reconocerlo. 

Leave a Reply

ocho + 17 =

Facebook Auto Publish Powered By : XYZScripts.com