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Todos tenemos un poco de razón

La semana pasada, con los disturbios en el Centro Histórico, pude comprobar una vez más lo divididos que estamos y lo radicales que somos. Hubo de todo. Opiniones favorables y desfavorables contra unos y contra otros. Todas emitidas en ese nuevo terreno de batalla conocido como redes sociales, en donde la libertad de expresión se ejerce sin recato y en algunas ocasiones hasta con abuso. Sí, porque todos tenemos derecho de dar a conocer lo que sentimos o pensamos sobre algo, pero no a ofender a quienes piensan diferente.

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En verdad creo que, al final de cuentas, todos y todas teníamos algo de razón. Ninguno de los involucrados en la jornada de disturbios es totalmente culpable o totalmente inocente. Creo, al final de cuentas, que nos urge trabajar como sociedad en mecanismos para la resolución de conflictos, pero más aún en soluciones a los grandes y graves problemas que enfrentamos como comunidad.

Sé que se escuchará fácil y que no lo es tanto, pero entre más tarde iniciemos, más difícil será llegar a la solución. Lo primero debiera ser fijarnos la meta, como sociedad, de formar ciudadanos y esto será a través de la educación. Así que nuestra apuesta debe ser educarnos, porque solo así llegaremos a comprender cómo es el juego de los derechos y las obligaciones, así como el papel que cada uno jugamos para que este país sea verdaderamente grande y próspero.

Tenemos que trabajar en mecanismos que nos ayuden a actuar como equipo y no como enemigos que se destruyen mutuamente. Debemos forjarnos un futuro, conscientes de que buscar el bien común es beneficiarnos todos y no solo unos. Trabajar en hacernos más tolerantes, los unos con los otros, y comprender que en la democracia no siempre domina nuestra visión sobre las cosas.

Si velamos porque haya más oportunidades para que todos vivamos mejor, seguro no habría necesidad de llegar a protestas que desemboquen en actos vandálicos. Si dejáramos de llamar terroristas a quienes solo buscan ganarse la vida honradamente, seguro no habría respuestas arrebatadas. Si comprendiéramos que todos y todas tenemos necesidades diferentes y nos ayudáramos a satisfacerlas, seguro viviéramos en un país mejor, con esperanza de un mejor nivel de vida para todos.

Debemos generar espacios de diálogo para encontrar soluciones. A los vendedores hay que buscarles espacios para que puedan desarrollar su actividad económica sin problemas. Eso permitiría que tengan la posibilidad de comercializar sus productos, respetando algunas áreas públicas destinadas para la distracción y no para el comercio informal.

Trabajar en buscar soluciones a nuestros problemas particulares y colectivos nos ayudará a vivir mejor. Nos permitirá cuidar el patrimonio colectivo y a ofrecernos mejores oportunidades para sacar adelante a nuestras familias y, por supuesto a nuestra sociedad. Solo así seremos un país diferente, un país grande, un país con ciudadanos que se unen para todos vivir mejor.

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