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Dentro de sus promesas ya como presidente, imaginándose el hacedor de milagros, Jimmy Morales decidió comprometerse a que la cobertura escolar crecería dos puntos porcentuales por año, bajo el entendido que si, según los datos oficiales para 2015, la tasa de cobertura neta en primaria era de 82%, al entregar el cargo ese indicador debería estar en 90%. El buen deseo era por demás ambicioso, considerando las dificultades financieras y la poca capacidad de gestión política que como neófito en el asunto tiene. Pero él quería trascender, suponiendo que en política pública todo es de soplar y hacer botellas, como le resultó ganar las elecciones, sus deseos por viajar sin gastar o tomar whisky del más añejado sin pagar de su bolsillo ni el agua. Columna Virgilio Álvarez 

El compromiso quedó escrito en blanco y negro. Pero resulta que si vamos a los logros de este año, definitivamente hay ya un debe en sus promesas, pues absolutamente nada se hizo para alcanzar tan ansiada meta. Al día de hoy, cuando ya el ciclo escolar ha concluido, no se tiene noticia de que las aulas dañadas por terremotos y otros siniestros hayan sido reparadas, mucho menos que se hayan construido aquellas necesarias para alcanzar la meta.

Según cálculos realizados por el Maestro Édgar Florencio Montúfar para esta nota, y considerando fielmente los datos oficiales, este año tendríamos un poco más de dos millones y medio de niños en edades entre 7 y 14 años, siendo necesario atender a por lo menos 28 mil niños más que los del año pasado para mantener el 82% de cobertura actual pues aún se estima que cada año haya más niños. Si no se construyen aulas suficientes y se contratan los docentes necesarios, la cobertura en lugar de permanecer estática (82%) tendería más bien a bajar.  Pero para cumplir con lo prometido por el presidente Morales en marzo el sistema debería haber atendido a otros 22,400 niños más, debiéndoles proporcionado las aulas, docentes y apoyos escolares mínimos establecidos.

Es decir, que para cumplir con lo prometido el Mineduc debería haber incorporado al nivel primario a 50 mil nuevos niños en espacios y con docentes que el año pasado no se tenían. Y esto tiene costos, exige una planificación que, evidentemente, no ha existido. Puede decirse que muchos de esos niños podrían haber sido atendidos por los docentes y la infraestructura física ya existente, pero resulta que el Mineduc, por lo que sabemos, no ha realizado ningún censo de capacidades para identificar con certeza dónde se tienen recursos subutilizados y dónde sería necesario hacer inversión para atender a todos estos niños.

“Para cumplir con lo prometido el Mineduc debería haber incorporado al nivel primario a 50 mil nuevos niños.”

Pero la situación es mucho más compleja, pues las autoridades ni siquiera saben si aquel es el número exacto de niños a atender para alcanzar las metas, pues venimos trabajando con proyecciones del censo de 2002, para ahora más que desfasado. De esa cuenta, lo primero que tendría que haber hecho el Ministerio de Educación era recoger información confiable y ponerla al alcance de todos los interesados en el asunto. Para ello se cuenta ya con las bases de datos del RENAP, donde se tiene relativamente depurado el dato de nacidos por municipio desde 2004, con lo que con un pequeño esfuerzo interinstitucional se podría haber establecido cuántos niños, efectivamente, estarían demandando escolaridad y cuántos de ellos no han sido atendidos por diversas razones.

Si los datos que ofrece el Mineduc son acertados, resulta que, mientras no se reduzca significativamente el crecimiento poblacional,  cada año se tendrían que estar contratando, como mínimo, dos mil maestros nuevos, y construyéndose dos mil nuevas aulas, si consideramos que no se pueden atender más de 30 niños por profesor y por aula. Todo eso no ha sucedido, y lo que es más dramático, tampoco se ha estimado en la propuesta presupuestaria para 2017.

Definitivamente, es hora ya que el presidente deje de viajar y de dedicar su tiempo a inmiscuirse en los procesos decisorios de los otros organismos del Estado y se concentre en impulsar políticas públicas efectivas, dejando de lado la demagogia. Escolarizar a la población es más que indispensable, siendo el punto de partida para la solución de otro sinfín de problemas.

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