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carlos-dumois

Me costó trabajo dormir después de ver cómo se derrumbaba Hillary Clinton en las elecciones de los Estados Unidos. Analicé otra vez las propuestas de Trump, quien gobernará durante un tiempo, esperemos que no muy largo, al que aún es el país más poderoso del mundo.

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También me puse a estudiar las implicaciones del brexit para los ingleses, para Europa y para todo el mundo. Igual me puse a pensar en los resultados del plebiscito donde los colombianos le dieron el no a los tratados de paz que habían maquinado los líderes guerrilleros de las FARC con el gobierno de Colombia.

Concluí que de algún modo esos hechos son parte de un fenómeno de la sociedad contemporánea: todos estamos hartos de promesas incumplidas, hastiados de que jueguen con nuestras vidas, de que nos mientan y engañen, y de que nuestros gobiernos se burlen de nosotros. El brexit tal vez fue un rechazo a la ineficiencia burocrática de la administración de la Comunidad Económica Europea. El no de los colombianos fue un rechazo a una paz a costa de premiar a una banda de criminales y de hipotecar la democracia de ese país. El voto por Trump es el reflejo del hartazgo de los americanos de un gobierno ilusionista y embustero que no ha sido capaz de mejorar los niveles de vida y de seguridad de los ciudadanos del vecino del norte.

¿Qué nos puede esperar después del triunfo de Trump en las urnas? Pues es claro que nuestro modelo de desarrollo económico debe ser revisado. Nuestra dependencia de la economía americana de pronto se convierte en una amenaza peligrosa. Tenemos que pensar pronto qué haremos si se caen nuestras exportaciones y empleos en nuestras industrias más competitivas: la automotriz, aeroespacial, electrónica y agroalimentaria. Debemos encontrar también cómo vamos a estimular la inversión extranjera, cómo no caer ante las calificadoras financieras internacionales, etcétera.

Por otro lado, si los líderes políticos populistas, de izquierda o de derecha, son capaces de mover la voluntad de los pueblos y atraer su voto, debemos prepararnos para ser gobernados por uno de ellos. En el caso de México no será un populista de derecha, como Donald Trump. Lo más probable es que aquí será un político populista de izquierda, como Andrés Manuel López Obrador. ¡Imagínense!

Pensemos en un mundo con Estados Unidos gobernado por Trump, una Europa dividida, un elevado nivel de inseguridad potenciado por el terrorismo, y nosotros con un presidente populista de izquierda en nuestra nación. El panorama no es para nada alentador.

¿Qué podemos hacer los empresarios ante este entorno tan gris?

1. Prudencia financiera. Ser especialmente prudentes con nuestras inversiones. Estudiarlas bien, analizarlas con rigor, medir las proyecciones con realismo. Cuidar que nuestro punto de equilibrio esté muy por debajo de nuestros niveles de venta actuales. Vigilar nuestros flujos financieros y nuestros niveles de endeudamiento.

2. Gestión proactiva de nuestra Dueñez®. Esmerarnos en renovar e implementar estrategias efectivas de Generación, Multiplicación y Captura de Valor en nuestras empresas, con planes alternativos en caso de que ocurran los escenarios más negativos. Construir organizaciones flexibles e innovadoras.

3. Liderazgo responsable. Ejercer nuestro mando motivando a nuestra gente, mirando con optimismo hacia adelante y generando conversaciones positivas y entusiastas de cara al futuro. Ser justos en el trato con nuestros colaboradores.

4. Compartir nuestra responsabilidad social. Fomentar en nuestra gente el conocimiento y la comprensión de nuestro entorno sociopolítico y económico, y crear conciencia cívica y madurez política con criterios sensatos y razonables. Promover el voto inteligente. Contribuir con nuestras comunidades y cuidar el medioambiente.

El mundo sigue evolucionando. Nuestra sociedad está desencantada. Seamos protagonistas. No nos asustemos.

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