Home > Columnas > ¡Unámonos todos y criminalicemos a los desposeídos!

¡Unámonos todos y criminalicemos a los desposeídos!

opinion
Por: Roberto Recinos

En la patria del criollo nos gusta atribuirle a los menos privilegiados calidades criminales. En la Guatemala superficial, separarnos de los demás porque son diferentes, reforzar estados de dominación, y acomodarnos en nuestro privilegio, nos llena de propósito.

Sí, leyó bien. En mi país es habitual que alguna situación de extrema desesperación nos permita identificar a las familias que más sufren (claro, por caprichos de la desigualdad estructural), y seguir los pasos que se encuentran en el manual clasemediero urbano de la resistencia ciudadana:

(1) Trata a los protestantes como pinches maleantes (porque eso son, y punto). De paso, extiende el uso de la palabra cholero; (2) Desentiéndete de sus luchas y sus causas históricas y globales; (3) Enjuíciales desde tu silla de excepción y privilegio, sin otorgar la cortesía de una defensa; y, (4) Cuantifica. Lo único que importa son los daños al patrimonio acriollado.

Es que si no es sábado, si no llevamos ollas y consignas feisbuqueras, si no salimos en la foto de los héroes nacionales, entonces no es una manifestación legítima de descontento ciudadano; es otra cosa. Nos toca en esos casos adoptar un síndrome de Dios, y declarara nuestros paisanos y paisanas, non gratos.  ¿Y sus luchas? non-me-importa.

Pues esta semana tuve que sacar el manual. En medio de lo de Codeca y la sexta, me tocó visitar la aldea La Cuchilla, en el municipio de San Rafael Las Flores, en Santa Rosa. Dado que no hay quién abogue por ellos, les dedico el resto de mi columna.

En La Cuchilla hasta las niñas y los ancianos resisten (pacíficamente) la voracidad de la extracción minera, desde el 3 de noviembre. “No luchamos por la plata que está en las montañas, luchamos por nuestro derecho a una vida digna”, dice un miembro de la comunidad, bajo el sol, cansado…  pero no abatido.  Nunca abatidos.

Y es que los vecinos de la aldea La Cuchilla simplemente piden a la Minera San Rafael, S.A. que se haga socialmente responsable de su aprovechamiento de los recursos del área (la mayor reserva de plata del mundo), la cual les produce a sus accionistas réditos obscenos. Como todas las operaciones extractivas en el país, se ha logrado viabilizar en términos paupérrimos, en colusión con el gobierno criminal de Guatemala.

En cínica y asqueante carta redactada por los servicios legales de la empresa minera -que tengo en mi poder-, se asegura que “en afán de buen vecino se ofreció ayuda humanitaria” a la gente en peligro (porque, claro, destrozaron su territorio, y fue declarado de alto riesgo por la CONRED). Agregan de los vecinos que “ilegalmente bloquean y paralizan actividad económica”.

La Minera San Rafael, S.A. miente, además del saqueo y la explotación de turno. Mientras los vecinos de La Cuchilla se congregan en resistencia democrática (dentro del orden constitucional) con una actitud pacifista, y con demandas mínimas, la minera y sus personeros se han dado a la tarea de denunciar la resistencia, y criminalizar a los oprimidos. Seguramente lo aprendieron del virrey tirano, don Álvaro Arzú.

Como dijo una de las vecinas de La Cuchilla, “si vamos a morir, morimos de pie, en honorable resistencia, no soterrados por los excesos de las actividades mineras”. Verán, ella entiende que en un Estado Social de Derecho es legítima la resistencia del pueblo para la defensa de las garantías consignadas en la Constitución.  El problema es que nuestras autoridades no entienden, o no quieren entender, su propia Constitución Política.

Bienvenidos, pues, a la comarca de las frondosas arboledas y las primaveras que nunca se acaban. Bienvenidos a nuestro reino, en donde criminalizamos la defensa del territorio y la protección de los derechos humanos. En donde la renta vale más que la vida.

Bienvenidos a la patria del criollo.

.
.

Leave a Reply