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Un momento Kodak, es muy probable que muchos jóvenes no conozcan esta frase, que popularizó la publicidad de la marca Kodak hace ya varias décadas atrás, cuando la empresa lideraba el mercado de venta de rollos fotográficos. Un momento Kodak se refería a esos momentos especiales e irrepetibles que merecían una foto. Y es que en esa época tomarse y disfrutarse una foto implicaba más tiempo y recursos que hoy en día. Pues requería tener una cámara, comprar un rollo fotográfico, de 12, 24 o 36 fotografías y posteriormente revelarlo. Todo esto con la posibilidad de que algo malo le pasara al rollo y las fotos se velaran, o que alguna saliera muy oscura, sobreexpuesta o movida… es decir, las posibilidades de fallar abundaban, y sabíamos cómo saldría la foto hasta el momento de revelarla.

El ingreso de las cámaras digitales transformó el mercado y a los usuarios, expandiendo la oportunidad de tomar fotos y de tomar muchas más de cada evento.

Y, por supuesto,  los teléfonos inteligentes y dispositivos móviles, con sus cámaras cada vez más profesionales y completas, han hecho más accesible capturar y guardar momentos.

Debo confesar que me encanta la fotografía, pues creo que es la unión armoniosa entre arte y ciencia. Las fotografías logran capturar momentos y congelarlos en el tiempo. Permite revisitar recuerdos, despertar emociones, revivir sentimientos. Me impresiona cómo una imagen en papel puede ser tan fiel que proyecte la ilusión de una mirada, o la alegría de una sonrisa… cómo puede alguien a través de un lente captar el amor de un abrazo, la ternura de un beso, la belleza de lo cotidiano, lo efímero de lo momentáneo y volverlo eterno. Hoy, cuando todos tenemos más facilidad de tomar fotos, veo con alegría cómo una familia posa en un restaurante, o cómo fotografían un paisaje impresionante; cómo niños, jóvenes o adultos nos tomamos una selfie o grabamos un video. Me gusta contar con esas evidencias de lo vivido; sin embargo, en mi caso, creo que tener un acceso tan amplio y cercano a las cámaras ha cambiado mi comportamiento.

Y me he descubierto, en muchas ocasiones, más como un espectador a través del lente que un actor del y en el presente. Es decir, en mi afán por capturar instantes, me pierdo de la oportunidad de vivirlos intensamente. Creo que a veces, puedo perderme, y por querer documentar esos bellos momentos,  no enfocarme en lo verdaderamente importante, en despertar mis sentidos, en abrir bien mis ojos, en tener la mano libre para tomar la mano de otro, en ver las expresiones de los demás, en encontrarme con otros ojos, en tomarle fotografías pero con el alma, donde nunca se borran, donde no se velan, donde nada las daña, donde no se traspapelan.

La vida está hecha de momentos y muchos de ellos, son momentos Kodak, momentos precisos para tomar fotos, unas con cámaras y celulares, y otras con los sentidos y el alma. Sea como sea que desees apreciar tus recuerdos, que los dispositivos no te alejen de realmente sentirlos y disfrutarlos.

Pues es lindo captar momentos, pero es mejor vivirlos al 100 por ciento.

¡Disfruta tus momentos Kodak del día!

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