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El buen gobierno toma decisiones racionales y efectivas. ¿Pero se puede ser racional y efectivo cuando gran parte de la población padece pobreza, desnutrición, exclusión y racismo? Y con dos millones de ciudadanos que han emigrado.

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La pregunta sería: ¿Para quién se gobierna? A la vez que señalar que el poder no radica en el gobierno. El poder en Guatemala está más allá del Estado: en las élites oligárquicas que siempre han manejado al mismo Estado. En el país no hay democracia, sino solo elecciones y las definen los financistas que cobran luego sus facturas.Guatemala ingobernable

El Estado guatemalteco tiene problemas de tributación para financiarse. Además el Estado guatemalteco se ha caracterizado por la corrupción estructural que pervierte el gasto público. Por esta razón la efectividad se afecta y las instituciones son frágiles y mal manejadas.

La causa del Estado fallido es la sociedad fallida, con una riqueza mal distribuida y una élite voraz que se ha negado históricamente a pagar impuestos. Aunque vociferen: “somos los que damos empleo y mantenemos haraganes con nuestros impuestos.” Pero no dicen que evaden muchísimo más y que los salarios de los guatemaltecos han sido siempre bajos. Basta investigar cómo los grandes agroexportadores levantaron fortunas pagando salarios de hambre a los campesinos hacinados en barracas y endeudados (habilitados decían) de antemano con el terrateniente. Guatemala ofrece a los inversionistas fuerza de trabajo barata y sin capacitación (maquilas) mientras Costa Rica ofrece ingenieros en computación. He aquí la diferencia entre ambos países. Y como guinda en el pastel de la oligarquía: el crédito es leonino, no hay democratización del mismo, los bancos son agiotistas con permiso.

También hay un desproporcionado sector informal que no tributa, en esencia es manejado por grupos e individuos inescrupulosos (contrabandistas, piratas, etc.) pero que le dan empleo a miles que se juegan la vida en las calles vendiendo toda clase de productos. Estos son los vándalos que dañaron el Paseo de la Sexta.

Todo lo anterior, en un marco histórico de 50 años, ha llevado a que el Estado no haya podido asumir ni emprender los programas sociales necesarios para enfrentar la pobreza y educar a la población. Mucho menos para efectuar obra pública necesaria. La infraestructura es deficitaria. Ejemplos: carreteras en malas condiciones y puentes que ceden fácilmente ante los embates naturales, cuando se quiere ser un país económicamente competitivo.

No le extrañe a nadie entonces, la falta de entusiasmo político de los guatemaltecos. La pérdida de fe en el futuro. La ausencia de una credibilidad por lo público. La desconfianza de la población por la clase política que ahora muestra en el Congreso cómo se impone la vieja política corrupta apoyada por Jimmy. Un país de derecha con las derechas peleándose entre sí por el control político. Un país conservador y religioso, es decir, no laico y secular: los talibanes de América Latina. ¿Será Guatemala gobernable?

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