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Hombres, mujeres, niños y niñas, todos los seres humanos admiramos y seguimos a aquellas personas que mueven al mundo, lo sacan del letargo y nos impulsan a la acción. Es un hecho que hay líderes que nacen pero también es cierto que el liderazgo puede aprenderse, desarrollarse y edificarse día a día, solamente hace falta que la persona que vemos todas las mañanas frente al espejo se lo proponga. No debemos confundir los rasgos de popularidad como el carisma, el atractivo, la simpatía y la elocuencia con el liderazgo aunque hay que reconocer que ayudan; podemos nacer con estos atributos pero esto no nos convierte en líderes, el liderazgo es una actitud ante la vida que inspira y motiva a otros porque el líder va más allá de las palabras y siempre emprende acciones dignas de imitar.

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El líder conoce su propósito en la vida, sabe lo que quiere y se esfuerza en construir el mundo en el que desea vivir; es una persona entusiasta que elige el mejor estado de ánimo para enfrentar hasta las situaciones más adversas; es la persona que generosamente se ofrece a hacer relucir el potencial de aquellos que están a su alrededor; es la persona que construye su seguridad personal y sabe manejar sus miedos y temores; es la persona positiva y optimista que espera obtener réditos en cualquier circunstancia; es la persona que invierte en sí misma para establecerse como plataforma para que los demás lleguen a ser lo que quieren ser; es la persona que hace sentir a los demás que son apreciados y valorados.

La buena noticia es que los atributos anteriormente citados son rasgos que se pueden desarrollar, demanera que si tú o yo deseamos construir nuestro liderazgo, nos será perfectamente posible si lo deseamos; la decisión es personal y si aceptamos el desafío, debemos estar conscientes de que el liderazgo trae implícitos valores como la responsabilidad, la honestidad y la integridad, sin los cuales los corolarios de nuestras acciones no tendrán validez, carecerán de legitimidad, no tendrán la fuerza que se requiere para dejar huella y no respaldarán nuestros esfuerzos por transformar nuestra vida y la de los demás, la tarea es ardua pero al final de cuentas es nuestra responsabilidad.

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