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juan-campos

 Imagine que un buen amigo está por realizar un viaje.  Será a una playa, un lugar soleado, mucha arena, palmeras, cocos, en fin… creo que ya me di a entender. Justamente usted llegó de visita con su amigo, en el momento en que estaba preparando las maletas.  La cortesía de su amigo le invita a pasar por delante e incluso aceptar cualquier sugerencia que usted tenga, para que pueda disfrutar mejor del viaje que está por realizar.  Cuando entra a la habitación, observa que las maletas está repletas de ropa: abrigos, suéteres gruesos, chalecos de lana, frazadas, guantes y algunos gorros.  Observa las otras dos maletas y se da cuenta que poseen ropa muy similar a la que tiene la primera.  Si usted tiene reacciones similares a la mía, imagino que por dentro estaría con una gran pregunta: ¿Por qué empacó cosas que no necesita, según el lugar donde se dispone visitar?

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La vida es un viaje, el más maravilloso de todos los viajes.  El viaje hacia el alcance de un destino y el cumplimiento de un propósito. Un viaje en el que seguramente necesita llevar muchas cosas que le serán útiles, cosas que deberá recolectar y utilizar apropiadamente en cuanto a forma y momento.  Pero no es de las cosas que necesita de las que le quiero hablar hoy.  Todo lo contrario.  Es más, si conoce ya lo que me gusta, le haré una pregunta: ¿Qué no necesita?

Si bien es cierto que se hace necesario llenar nuestra maleta de herramientas y aspectos que serán útiles en nuestro peregrinaje, es importante reconocer que mientras avanzamos la llenamos de elementos que nos son inútiles y, es más, perjudiciales para que avancemos.  Estaciones de dolor que hacen que tomemos gramos de rencor que nos dañarán en el futuro. Esperanzas fallidas que llenan nuestro corazón de frustración.  Soluciones no alcanzadas que nos hacen cargar con recuerdos que lastiman.  Y así, nuestra vida se va llenando de cosas que no necesitamos.

Deshacernos de lo que no necesitamos no es sencillo.  Es un proceso de varias decisiones que inician en el centro de su corazón.  Por extraño que parezca, nos acostumbramos a lo que no necesitamos.  Llegamos a creer que nos hará falta, cuando no es así.  Lo que no necesitamos puede estar tan bien acomodado en nuestra maleta, que pudiéramos llegar a pensar que no hay por qué retirarlo, pero es importante reconocer que solo estorbo hace en nuestra vida.

Desechar lo que no necesitamos implica que revisemos nuestro corazón y pasado, determinando lo que hemos dejado entrar y que nos hace pesado el caminar.

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