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carlos-aldana

La corrupción se nota en todas las áreas o ámbitos de la vida de nuestra sociedad. En todas ha golpeado y en algunas nos ha mostrado con más dureza su presencia. Sin lugar a dudas, es en la atención sanitaria en la que la angustia, la indignación y la tristeza profunda aparecen con mayor fuerza, pues la corrupción ha causado la ausencia de infraestructura, de medicamentos, de atención de calidad, de tratamientos integrales. Muchísimo del dinero que fue robado de las arcas nacionales, es dinero que se niega a los enfermos de nuestra sociedad.

Por supuesto, en la educación también podemos descubrir que la ambición desmedida ha negado escuelas, pupitres, plazas, caminos de acceso para llegar a la escuela, etcétera. Ambos ejemplos son solo una muestra de una realidad mucho más grande y que es necesario explicar de manera estructural, no solo a través de la mirada sobre la corrupción de autoridades y de representantes del sector privado que participaron en el descalabro del Estado.

Así, en las carreteras de nuestro país, cada hoyo que se va convirtiendo en un enorme cráter de proporciones peligrosas para la vida, la integridad y los bienes, es un recuerdo concreto y físico de lo que aquellos nefastos personajes le hicieron al país.

Si usted va hacia el occidente del país, va a sufrir el paso por Chimaltenango, pero también más adelante, ya la carretera le recuerda el abandono y la falta de acciones para que se pueda transitar con facilitad y seguridad. Si va hacia el norte, el tramo entre Sanarate y El Rancho, lo va a sentir como que en lugar de ser una treintena de kilómetros fueran unos 300. Además, se agrava por el hecho de que en algunos momentos el cierre se hace mucho más largo de lo que cualquiera aguanta dentro de un vehículo en esas circunstancias.

Si usted va hacia El Salvador, innumerables quejas por el deterioro de la cinta asfáltica han sido ya expresados de manera reiterada. Si va hacia el Pacífico, ay, ahí la cosa es peor todavía, porque no solo hay abandono de trabajos, sino tramos en los que no existe el más mínimo esfuerzo de señalización, algo que sigo sin entender cómo no puede ser paliado, porque no creo que sea exageradamente difícil poder pintar las rayitas del centro y de las orillas.

Usted puede buscar vías alternas, pero muchas veces terminan siendo esfuerzos que alargan más su viaje y en condiciones realmente complicadas. Lo peor es que no se ve por ningún lado que la cosa vaya a cambiar. La inercia o falta de acción del gobierno en esta problemática termina asustando tanto que no sabemos hasta cuándo habrá verdaderas acciones que nos muestren que ya no estamos abandonados a nuestra suerte al circular por el país.

No somos una sociedad que se muestre ante el mundo como ejemplo de productividad o de desarrollo económico, y con estas condiciones de la red vial menos podremos avanzar en el camino de transformación de nuestras condiciones de vida. Si a todo esto sumamos el desempleo, la desnutrición, la falta de acceso a la escuela, el sistema de salud precario, la clase política tan poco ejemplar, entonces las cosas no pintan bien, porque el gobierno o solo está administrando la cosa pública, o está buscando cómo sobrevivir sin construir condiciones para el desarrollo.

Las carreteras representan ya un indicador de cómo se invierte en el desarrollo del país. Mientras la inercia nos siga venciendo, seguiremos sin verdaderas carreteras. ¿O lo que quieren es privatizar cada camino por el que transitemos?

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