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Por: Erlin Amaya

No es secreto que nos encontramos en una era cambiante, en una época en la que las personas leen cada vez menos un diario impreso y cada vez más uno digital, todos se ven cada vez menos a los ojos y más tiempo a través de las pantallas. Ya ni siquiera para las empresas es rentable costear publicidad gráfica en las calles, porque las personas que conducen aprovechan los semáforos y el caótico congestionamiento para ver en sus móviles las noticias del día o las publicaciones de sus amigos o seguidores en redes sociales y no para ver a su alrededor anuncios colocados en el exterior. Hemos olvidado incluso hasta el sonido de nuestras voces porque es más fácil enviar un mensaje que puedo leer y responder mientras estoy realizando cualquier otra actividad.

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Nada hay de malo en el avance y la evolución que esto conlleva; por el contrario, es un cambio positivo y es muy importante desarrollar la habilidad de adaptarnos a las nuevas tendencias virtuales y tecnológicas que cumplen la única función de facilitarnos la vida, de mantenernos al día y comunicados constantemente.

El aprender el uso de estas herramientas y utilizarlas en nuestro beneficio no es ningún problema, el problema radica en que los humanos somos muy buenos creando, adaptando y utilizando, pero somos muy malos tomando decisiones, eligiendo las mejores opciones para nuestra vida y esto puede ir desde el tema más frívolo como que vestimenta utilizar para tal o cual ocasión, hasta con quién compartir el resto de nuestra vida; o simplemente qué noticia leer, compartir, comentar y prestar atención y otorgar relevancia.

Esta nueva era digital nos ha permitido estar al día en un minuto de todos los acontecimientos nacionales, internacionales, relevantes, frívolos, banales, crueles, violentos, de impacto social o de ningún impacto. Toda la información se encuentra al alcance de nuestras manos, pero desafortunadamente los temas que normalmente se han vuelto tendencia, no solo en las redes sociales, sino en nuestros temas de conversación y por ende en nuestras vidas son los de menor relevancia e impacto social: son aquellos que causan gracia, curiosidad, inquietud, envidia, deseo, burla, ira, o decepción.

Se ha vuelto #Tendencia compartir un video, una imagen o nota con contenido burlesco, amarillista, gracioso, o violento. Pareciera que no nos damos cuenta que estamos alimentando con este tipo de contenido nuestro cerebro, nuestras reflexiones casi nulas al respecto de lo que ocurre en nuestro entorno. Pareciera que no vale la pena comentar una noticia donde no haya un muerto, o donde no nos burlemos de un error cometido por alguien más.

Que tal si volviéramos tendencia los problemas sociales que aquejan no solo a nuestro país sino al mundo entero… #LaEducación #LaDesnutrición #LaInequidad #LaCulturaPolítica #LaLibertadDeExpresión #ElMatrimonioInfantil ¿Les prestaríamos entonces más importancia? Talvez hablaríamos más de esto no solo en nuestras aulas, sino en nuestras reuniones de amigos, en la mesa del comedor, en los corredores del trabajo. Se volvería tendencia y tal vez así con el tiempo nos empezaría a importar más de lo que aparentamos, y comenzaríamos a involucrarnos en acciones que cambien eso que ahora tanto criticamos que otros no hacen.

No se trata de ignorar lo que ocurre a nuestro alrededor y dejar de informarnos sobre lo que ocurre en nuestro país, desafortunadamente uno de los más violentos de la región, no se trata de tapar el sol con un dedo, de negar la realidad, o de que de un momento a otro ya nada nos parezca gracioso y perdamos el buen humor que nos caracteriza culturalmente. Se trata de poner un poco más de cuidado en aquello a lo que le estamos prestando atención, de reflexionar sobre qué clase de información nos estamos llenando para asegurarnos de no quedarnos vacíos.

Se trata, de cuestionarnos a nosotros mismos sobre qué tendencia tienen nuestras redes sociales, nuestro círculo de amigos, nuestras conversaciones, nuestros libros, las cosas que compartimos, lo que hablamos, lo que creemos y a lo que le otorgamos importancia porque esto determinará en qué invertiremos nuestro tiempo y nuestras acciones que son las únicas que pueden realmente lograr un cambio en nuestro entorno. Citando a George Carlin: “No solo les enseñes a tus niños a leer, enséñales a cuestionar aquello que leen. Enséñales a cuestionarlo todo.”

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