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Elecciones en Estados Unidos

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El sistema de elecciones de Estados Unidos no está libre de errores, irregularidades e inclusive de fraude, como lo demostraron las impugnaciones sobre el recuento de votos en Florida, en el año 2000, donde Al Gore obtuvo la mayoría de votos, mientras la Suprema Corte de Estados Unidos validaba el triunfo de George Bush, hijo. En ese país los votantes no eligen directamente a su candidato a presidente o vicepresidente; es decir, no hay voto directo. Se eligen electores, quienes por lo general son leales a su partido, pero a la hora de emitir el sufragio tienen libertad de votar por cualquier candidato. La sanción que se les impone si incumplen el mandato de sus asambleas es más bien simbólica.

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Este sistema es contradictorio en un país que se presta de tener una democracia constantemente mostrada como un ejemplo al mundo. Pero, además, también en Estados Unidos hay poderes de facto cabildeando y urdiendo maniobras sobre las instancias electorales y judiciales, con financiamientos multimillonarios y control de medios en favor de determinado candidato. Las grandes corporaciones y el complejo industrial-militar-mediático tienen la enorme capacidad de manipular la voluntad popular. Nos referimos además a Wall Street y los megabancos, los ultraconservadores que sueñan con aplastar militarmente a Rusia y China, las agroindustrias, la industria extractiva y, por supuesto, las élites israelíes.

De esta realidad no tiene conciencia la población norteamericana, porque los medios no lo dicen.

Con base en presunciones de fraude, el candidato republicano, Donald Trump, se negó a prometer que reconocería de inmediato al candidato que resultara electo de las elecciones de este 8 de noviembre. Fue muy cauto, pero muy categórico en decir que habría que esperar el resultado. Pese a la presión de los medios se negó a acceder a la solicitud. Ante esa actitud los grandes medios han tratado de adelantar un escenario en el que si un candidato no acepta reconocer el triunfo del otro, cuando eventualmente se acuse el robo de la elección, la denuncia carecería de fundamento.

Ha sido notorio en el curso de la campaña electoral el favoritismo mediático y del establishment a favor de Hillary Clinton, a quien desde el principio dan como ganadora de la elección. Pero Trump el irreverente,  el crítico, la antipolítica personificada, podría dar una sorpresa si es que las elecciones son libres y transparentes. Hay figuras importantes, como Paul Craig Roberts, subsecretario del Tesoro durante la administración republicana de Reagan, que consideran la posibilidad de un fraude. Dice Craig: “Los medios de prensa concentrados en unas pocas manos han hecho todo lo posible para convencer no solo a los norteamericanos sino también al mundo, que Donald Trump es un candidato tan inaceptable que ya perdió la elección antes de la votación”. Inclusive refiere que los cambios de votos ya fueron probados, experimentalmente,  en Texas.

Si ese fuera el caso ¿podrá Trump desafiar al sistema?

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