El Siglo

2017, ¡año de brujas!

Por: Eduardo Weymann

Las expectativas en la economía son las que determinan las decisiones a tomar en el corto plazo, tanto por los consumidores como por los empresarios. Tal como lo expuso en su columna,  el argentino Marcos Leonetti, en  noviembre de 2012, “en todo el mundo, permanentemente se esperan buenas noticias que permitan la construcción de una realidad favorable a los ánimos de los agentes que operan en la actividad económica, sean estos consumidores, inversores, trabajadores, productores o analistas.

¿Hasta dónde llega la trascendencia de las expectativas? El comportamiento de los diferentes agentes económicos está condicionado por las mismas. Las decisiones de inversión, de ahorro o de consumo dependen de las perspectivas futuras… El manejo que hace Estados Unidos es una muestra práctica de la importancia que le da al tema. Es muy común que los datos macroeconómicos preliminares que publican las oficinas gubernamentales o las proyecciones que hacen con los indicadores económicos sufran ajustes al siguiente trimestre, generalmente a la baja. Conocen muy bien las consecuencias de las expectativas si estas son negativas y, por tal motivo, en general son generosos al divulgar lo que esperan, porque necesitan dar ‘buenas nuevas’ y animar a los inversores  a colaborar con las metas de crecimiento”.

¿Y que ‘buenas nuevas’ los guatemaltecos tenemos hoy para apostar por un 2017 próspero y estable? Pues de momento solo brujas y fantasmas parecen tener el monopolio de las perspectivas… Veamos, por ejemplo, el Índice Mensual de Actividad Económica (IMAE) del BANGUAT, que sigue registrando un crecimiento económico hacia la baja. La actividad económica medida por la estimación del IMAE, a septiembre de 2016, mostró un crecimiento de 2.6%, mientras que para esa misma fecha en 2015 era del 3.8%. Por otro lado, la agencia calificadora de riesgo Standard &Poor´s  confirmó el pasado 27 de octubre la calificación de riesgo crediticio para Guatemala en BB para moneda extranjera y BB+ para moneda nacional, pero redujo la perspectiva de estable a negativa.

Ello significa que si durante el próximo año no se adoptan las medidas en las áreas críticas de atención que resalta S&P, nos van a bajar la calificación de riesgo país, es decir, oficialmente seremos menos atractivos para la inversión nacional y extranjera. Este cambio de perspectiva de S&P es el resultado de una baja carga tributaria, el bajo nivel de inversión pública, los altos niveles de pobreza -y fuentes de trabajo, cabe añadir-, la debilidad de las instituciones y la falta de consenso político sobre las reformas necesarias que deben implementarse para revertir tales problemas estructurales.

Llama la atención que si Guatemala está inmersa en una lucha sin precedentes en contra de la corrupción desde 2015, algo debería resaltarse positivamente,  en las calificaciones que hacemos y que nos hacen sobre el entorno y  el desempeño económico. Pero algo no está caminando bien, ¿el procedimiento?, ¿los límites?, ¿el debido proceso?, ¿la presunción de inocencia?, ¿el manejo mediático?, algo esta mal. Esta cruzada dosificada en contra de la corrupción está generando, contradictoriamente, una pérdida de confianza generalizada en el sistema, y una sicosis colectiva que tiene paralizados a los agentes económicos y a los funcionarios públicos, los números claramente lo están diciendo.

Es más, ya se escuchan voces que afirman que esta lucha contra la corrupción va por otro lado, que el objetivo final es un reacomodo del poder. Hay mucho que corregir de inmediato, el combate a la corrupción y al poder de extorsión del funcionario público es necesario para la salud institucional del país, pero si esta “lucha” está generando parálisis económica, desempleo y zozobra, si no se revisa el rumbo, el 2017 definitivamente será un año de brujas que maldicen y fantasmas que no dejan dormir. El mensaje a compartir hoy, a manera de reflexión, es lo que el político británico Winston Churchill nos dejó: “Si el presente trata de juzgar el pasado, perderá el futuro”.

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