Home > Columnas > ¿Y si Trump gana?

Debo aclarar que no sería una decisión electoral nada placentera votar por Donald Trump.  La política electoral enseña lo difícil que es suponer el mundo perfecto.  Los candidatos ideales son sustituidos por los candidatos posibles, que en muchas ocasiones responden a los intereses del partido o de su propia élite.  ¿El candidato ideal para que Estados Unidos saliera de la espiral enfermiza en que se encuentra?  El candidato que se atrevió a decir que la tradicional política exterior es un permanente error, o que había sido totalmente injusto rescatar a los bancos irresponsables con dinero de los contribuyentes (muchos de ellos en situación precaria). Pues ese candidato fue bloqueado por su propio partido. 

Bernie Sanders introdujo una crítica directa y realista en la política estadounidense mostrando que hay aspectos terriblemente perversos. Un país que gasta miles de millones en guerras innecesarias pero no tiene cómo proveer para sus jóvenes es un país fundamentalmente, inmoral.  Pero en esas dosis de realismo que la política electoral regala, el clan Clinton resultaba la única forma para darle prolongación a las políticas públicas de la administración Obama. Y con ello, algo que es fundamental en EE. EU.: el legado presidencial.  Un presidente sobrevive en la memoria ciudadana si sus políticas públicas se mantienen en el tiempo construyendo una herencia gubernamental. 

Precisamente, dicho de paso, lo que DT ha prometido enterrar si gana.  DT genera terror por lo impredecible de su comportamiento, por su atrevimiento para estirar los bordes de lo políticamente aceptado y por su total falta de tacto.  Ha dado la impresión que de ganar es capaz de tirar la bomba atómica pero, dejemos en claro que EE. UU. no es un país bananero donde el presidente hace y deshace.  Decisiones medulares como iniciar la guerra nuclear tienen un complicado sistema de pesos y contrapesos que limitan la ambición presidencial.   Sin embargo, DT genera terror.  Pues el terror debiera ser doble, porque HC es una actora política cuya mentalidad sigue anclada en la Guerra Fría, es una íntima amiga del sector financiero bancario pero se disfraza en una retórica de progresismo socio-liberal. 

No se debe interpretar la elección del día 8 desde el ombligo: la situación centroamericana o la situación mexicana no se verá modificada en los ejes de política exterior de EE. UU. con la victoria de un candidato en particular.  Somos una región de patio trasero, cuyos ejes y líneas ni siquiera tienen una sección específica en la página del Departamento de Estado.  Sí lo tiene Pakistán, pero no México que es el vecino más directo de EE. UU.  ¿Por qué habría entonces importar Centroamérica como relación prioritaria?  Dejémoslo claro, gane HRC o gane DT la estrategia de contención migratoria,  de combate al narcotráfico y de influir en los procesos políticos locales seguirá tal y como va.     Entonces ¿Qué nos debe importar?

Pues en razón de vivir en un mundo globalizado,  debe importarnos cuál es el candidato que tenga interés en extender el conflicto hacia Rusia y posteriormente a Irán para tratar de ´occidentalizar´ estos países.  El efecto del blow-back terrorism no se podrá combatir con una candidata cuyo historial muestra, el gusto por la guerra y profundice la estratega militar en Siria.  No es el fin del mundo si DT gana, pero si HRC gana no veremos la continuación de los últimos 12 años en política exterior: será una política exterior estadounidense más agresiva y más intervencionista.   Si DT gana (difícil pero no imposible, todo depende si antes de las 8:00 horas, costa este su campaña se lleva a la Florida) veremos un candidato limitado por su propio sistema, torpe en sus declaraciones pero no por fuerza,  un presidente de guerra.

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