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Entre lo común y lo correcto

anna-valdez

“No hay que hacer cosas buenas que parezcan malas”, me repitieron mis papás mientras crecía, y aún ahora puedo escuchar sus voces cuando mi instinto me advierte de una de esas situaciones que fácilmente podría ser malentendida. Recordar esa frase, en estos momentos, me hace pensar en otra, quizás más importante: “No hay que hacer cosas malas, que parezcan buenas”. ¿No lo crees?

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En nuestro actuar diario, solemos hacer muchas cosas por costumbre, ya no las cuestionamos, y lo más seguro es que no lo ameriten. Pero hay situaciones que sí merecen ser analizadas, sobre todo cuando es fácil confundir lo común con lo correcto.  Hay que hacer hincapié que no todo lo común es correcto, ni todo lo correcto es común.

Hacer cosas comunes aunque no sean correctas, puede ser una acción que ya estemos acostumbrados a aceptar o incluso que no sea evidente a nuestros ojos. Es decir, es probable que sean acciones que hemos aprendido desde hace tanto tiempo, que ni siquiera se nos ocurra cuestionarlas. ¿Se te viene a la mente alguna de ellas? Evadir impuestos, colarse en una fila, copiar en un examen, podrían ser ejemplos sencillos. Es muy probable que ninguno de nosotros estemos exentos de haber hecho alguna de ellas. Algunas puede que sean tan pequeñas que casi no hayan tenido consecuencias. El problema, según lo veo yo, es que podemos acostumbrarnos a seguir haciendo las cosas de la misma forma como han sido hechas y olvidarnos que tenemos el derecho y la obligación de evaluarlas, sobre todo cuando nuestra conciencia nos alerta que los valores que se viven ahora en comunidad, no son los que permitirán los cambios necesarios para crear una mejor sociedad.

Hacer las acciones correctas que no son comunes, requiere valentía y fortaleza de espíritu. Necesita de valores firmes que orienten las acciones en los momentos difíciles. Pues muchas veces, actuar así, equivale ir en contra de la corriente, hacer las cosas menos populares, estar expuestos a la crítica, la incomprensión o el rechazo. Sin embargo, decir un no a tiempo, poner un alto adecuado para hacer lo correcto, vale la pena, pues permite construir nuestra integridad y honrar nuestra dignidad.

Hacer las cosas correctas aunque no sean comunes, se dice fácil, pero reconozco que no siempre lo es.  Sobre todo cuando estas acciones me recuerdan a la llamada Psicología de masas, el estudio del comportamiento de los grupos colectivos, que indica que los individuos se contagian del comportamiento de los demás y se limitan a repetirlo sin cuestionarse nada.  Según diversos psicólogos y sociólogos, la influencia que genera el grupo en los individuos influye en las diferentes áreas de sus vidas. Y las acciones del grupo estarán influidas por la cultura del mismo y esta es creada sobre los valores que comparten.

De ser así, creo que si tenemos interés en cambiar el rumbo de nuestra sociedad, nuestro enfoque debería estar en volver los valores intrínsecos a la humanidad en los valores más populares.  De esa forma, hacer lo correcto sería lo más común. ¿Te atreves a desafiar lo común cuando no sea correcto?

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