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Por: Édgar Carrillo

Todos deseamos vivir en un mundo donde reine la paz, donde todas las personas sean tratadas con dignidad, sin importar su procedencia, color de piel, raza, sexo, idioma, cultura, religión, posición social, opinión política, discapacidad o cualquier otra situación; todos queremos vivir en un mundo próspero y en libertad, en el cual todos podamos desarrollarnos sin restricciones, y según los deseos de cada uno, pero para lograrlo no basta con desearlo, es imprescindible la cooperación y el aporte de todos nosotros, los seres humanos.

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El mundo enfrenta enormes retos que debemos afrontar con decisión, premura y audacia si nuestra aspiración es una sociedad más justa y equitativa, por lo que todos los países deberán unirse en una alianza de colaboración que permita a la humanidad liberarse de los flagelos que la aquejan: la tiranía, pobreza, injusticia y contaminación, entre otros.

Los Estados deberán comprometerse a combatir y poner fin a la pobreza y el hambre para que todos tengamos la oportunidad de aprovechar nuestro potencial con dignidad, equidad y en un medioambiente saludable; deberán establecer las políticas que permitan proteger el planeta contra la degradación mediante el consumo y la producción sostenibles, la gestión sostenible de sus recursos naturales e implementando medidas urgentes para hacer frente a la contaminación de manera que se puedan satisfacer las necesidades de las generaciones presentes y futuras; deberán velar y asegurar que todos podamos disfrutar de una vida plena y próspera, porque el progreso económico, social y tecnológico se produzca en armonía con la naturaleza, propiciando sociedades pacíficas, justas e inclusivas, libres de el temor y la violencia, porque al final el desarrollo sostenible no es posible sin la paz y la paz no se logra sin el desarrollo sostenible.

Si se consigue todo lo anterior mejorarán notablemente las condiciones de vida de todos nosotros y nuestro mundo se transformará en un lugar infinitamente mejor. Pero para que esto suceda y sea una realidad se requiere de la colaboración de todos, sin excepción, de manera que cada uno aporte desde su campo de acción, con el propósito de que nadie se quede atrás.

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