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byron-barrera

El transporte urbano y extraurbano se ha convertido en una pesadilla, con el agravante de que en Guatemala el Estado no resarce a nadie por muertes, heridos ni destrucción de vehículos. No sé que dirán los jurisconsultos pero en Costa Rica un abogado le ganó un juicio al Estado después de haber tenido un accidente como consecuencia del mal estado de una carretera. Su argumento fue que el gobierno tiene la obligación de mantener en buen estado la infraestructura vial porque para eso se tributa. Aquí, además del impuesto de circulación, se paga otro impuesto con destino al Fondo de Conservación Vial. A pesar de eso, las carreteras están destruidas y dichos impuestos se van al fondo común.

Recientemente, fuimos a San Salvador vía San Cristóbal y nos fue casi imposible transitar por esa ruta. Ni siquiera en zigzag se pueden salvar los agujeros, además del tiempo que se pierde y el riesgo de destruir los vehículos. Pasar por Barberena se volvió un calvario similar al de Chimaltenango. Decenas de gigantescos túmulos, mala señalización, falta de pasarelas. En la noche, vehículos sin luces, en el día motocicletas hasta con cinco personas y tuctuc por montones. Casi cada semana un tráiler o furgón aplasta un automóvil, con pérdida lamentable de vidas. Hace poco 2 motos chocaron en Palín y murieron 6 personas. Iban 3 en cada moto. Ese es el estado del tránsito en todo el país.

Se pensó que descentralizar el control vehicular a través de policías municipales de tránsito podía ser una solución. Pero hoy, algunas de estas policías salen furtivamente a imponer multas en carreteras nacionales, con órdenes de hacer dinero. Tenemos una policía vial que presta auxilio en algunas rutas, empujando carros para que arranquen, instalando baterías o arreglando llantas. La Policía Nacional Civil, encargada de la seguridad interna, también la hace de policía de tránsito.¿Quién pone orden en este caos?

Pensando en soluciones, se está proponiendo un tren ligero de sur a norte en la ciudad capital. Se debería pensar en grande y proponerse un tren de carga y de pasajeros utilizando la vía ferrocarrilera existente, desde el Pacífico al Atlántico del país. Así, gran parte del transporte pesado dejaría de causar tanta destrucción y muerte en las carreteras. Costa Rica rehabilitó su tren urbano y extraurbano. Panamá hizo su metro subterráneo. Nicaragua está por construir su tren moderno que unirá varias ciudades. Guatemala siempre a la zaga, con el reloj detenido.

Una buena solución es la Intendencia Nacional de Transporte Público propuesta en el Congreso por los diputados Álvaro Velásquez, Sandra Morán y Leocadio Juracán, como una entidad autónoma, la cual absorbería las funciones de la Dirección General de Transportes y del Departamento de Tránsito de la PNC, haciéndose responsable de supervisarlos servicios de transporte subsidiados por el Estado. Sin duda, el cambio atenta contra los intereses que sostienen el sistema actual de transporte, pero es la única solución a la crisis.

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