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El culpable es Iván, el impune

ricardo-mendez-ruiz

Por casos como la trágica muerte del exministro Pavel Centeno, fue que solicitamos al presidente Jimmy Morales que remueva el privilegio de la inmunidad diplomática a los funcionarios de la CICIG. Me provocó pena ver a la Fiscal General Thelma Aldana tomarse el trago amargo de la conferencia de prensa en la que dio explicaciones acerca de la tragedia, cuando la realidad es que ella no es responsable de lo que sucedió.

De los abundantes errores y abusos que ha cometido la CICIG a lo largo de los 10 años de existencia que cumplirá a mediados de diciembre, el asesinato extrajudicial de Centeno es, sin duda, el más grave. El responsable directo de esa muerte tiene nombre y apellido: Iván Velásquez. Es seguro que la familia del exministro querrá deducir responsabilidades penales a los autores materiales e intelectuales del asesinato, pero deben saber que, en la práctica, la Fiscalía Especial Contra la Impunidad (FECI) depende de manera directa de la CICIG. Cuando un caso es tramitado por la FECI, esta depende directamente de la CICIG, quedando fuera las fiscalías comunes.

La FECI tiene asignado su propio presupuesto, y cuenta con una unidad de inteligencia que no es la normal para todo el MP. Quienes dirigen las labores de inteligencia de la FECI, son investigadores extranjeros, en su mayoría colombianos. Ellos son los encargados de dar seguimiento a quién será capturado; eso incluye detalles elementales como, para comenzar, si se trata o no de la persona sospechosa, además de la confirmación de los lugares que frecuenta o en dónde vive, para determinar cuál es el que representa menos riesgos al momento de una aprehensión.

Pero estamos en Guatemala, un país en donde los extranjeros hacen lo que les viene en gana; desde un embajador que de manera increíblemente torpe nos dice: “Tenemos mucho interés en la presidencia del Congreso, pero vamos a dejar a los diputados decidir”, hasta funcionarios de la CICIG que piensan que capturar gente es tan sencillo como ir a escoger tomates al mercado. Error. De repente les resulta alguien como Pavel Centeno, con una arma en la mano, o como el diputado Fernando Linares Beltranena, mandando al carajo a Todd Robinson con una carta de la que el embajador puede aprender mucho de diplomacia.

Con lo del cuento del suicidio pueden irse mucho al cuerno. Centeno luce una herida en una parte del rostro que muestra un ángulo inexplicable en el caso de un suicidio; además, tiene las manos manchadas de sangre, lo que implica que con ellas se tocó  una herida que, obviamente, no fue la del rostro, y de la que el Inacif nada ha dicho aún. Las horas y los días pasan, y el Inacif no menciona nada del obligado tatuaje de pólvora que acompaña a un suicidio con arma de fuego.

A estas alturas, los dos investigadores de la CICIG que dirigieron el operativo digno de un novato, y que son los responsables materiales directos de la muerte del economista, bien pueden ya no estar en Guatemala, ya que nada les impide largarse, gracias a la inmunidad diplomática de la que gozan. Total, que carguen con la culpa los policías y los fiscales de la FECI, al fin y al cabo, ellos tienen una responsabilidad de 20 años por sus actos. Sí pues.

La respuesta de Pavel Centeno ante la presencia de hombres armados sin prendas que los identificara como autoridad competente, en la puerta de su casa, es la normal de un ciudadano que vive la sicosis de la amenaza de la violencia que se cobra 17 vidas cada día, y es también la respuesta de una sociedad que se siente amenazada no por lo que hizo, sino por lo que dicen que hizo.

Las disculpas de Iván Velásquez no le devolverán la vida a Pavel Centeno. “No existe tiranía peor que la ejercida a la sombra de las leyes y con apariencia de justicia”. Montesquieu.

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