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Los dueños y líderes a veces nos confundimos entre la habilidad para analizar situaciones y la capacidad de síntesis para sacar conclusiones acertadas como base para la toma de decisiones. Mientras más oportuna y certera sea nuestra visualización de oportunidades y amenazas en el mercado, más probable será que generemos nuevas ideas que puedan hacer la diferencia. Pero al final de cuentas hemos de elegir, de conjugar y fundir las ideas, de destilar y condensar nuestro análisis, y de tener la voluntad de escoger nuestro camino y de renunciar a las demás alternativas.

Sintetizar es un acto de voluntad: necesitamos ser valientes y determinados para definir una sola idea, propuesta o alternativa que consideremos como la mejor; ya sea que elijamos una de las analizadas, o que fusionemos varias de las opciones estudiadas y nos vayamos por esa vía integrada.

La capacidad de análisis y síntesis nos permite conocer más profundamente las realidades con las que nos enfrentamos, simplificar su descripción, descubrir relaciones aparentemente ocultas y construir nuevos conocimientos a partir los que ya poseíamos. Por todo ello, tiene un carácter genérico y está relacionada con varias competencias (pensamiento crítico, solución de problemas, organización, planificación, toma de decisiones).

Como dueños o líderes estratégicos, necesitamos derivar propuestas cada vez más sencillas de situaciones cada vez más complejas. Pocos sabrán comprender la información disponible y hacer sentido de ella. Pocos detectarán los iniciales y poco perceptibles indicios y señales del entorno. Gradualmente irán cobrando fuerza y demostrarán una tendencia. Si somos los pioneros y la tendencia ocurre y genera una oportunidad fecunda, habremos atinado. Si no, tendremos que seguir buscando. Responder tardíamente siempre tendrá sus costos, que podrán ser más o menos elevados.

Ser pioneros demanda el poder de nuestra capacidad de síntesis. Esto implica saber acomodar piezas que no aparecen juntas, saber unir todos los puntos que percibimos del exterior. Distingamos las capacidades de análisis y de síntesis. La primera comprende desagregar, separar, desmenuzar las situaciones o los hechos. La segunda, por el contrario, conectar todas las piezas en una sola cosa, integrar todos los componentes o factores de un suceso o un fenómeno en una unidad o un todo coherente.

Los rasgos de la capacidad de análisis son: la habilidad de consecución, organización, comprensión e interpretación de la información; la habilidad de discernimiento, de filtrado de datos y de pensamiento autónomo. El discernimiento nos permite simplificar la interpretación de realidades para ser comprendidas y manejadas; descubrir los patrones de sus diferentes aspectos y ordenar e interpretar el caos de los datos para crear modelos mentales, analogías y metáforas.

Las habilidades de la capacidad de síntesis son: apertura de mente, para procesar ideas y pensamientos diferentes; equilibrio de juicio, con objetividad y pensamiento crítico y autocrítico para evaluar cada idea o alternativa; sensibilidad, para asumir nuevas ideas y posiciones mentales, para integrarse y comunicarse con expertos de otras áreas y contextos; creatividad, para desarrollar nuevas ideas o propuestas que aún no existen; iniciativa y espíritu emprendedor, que nos lleva a realizar esas nuevas propuestas.

La capacidad de síntesis es fundamental para el ejercicio del rol de dueño: es la construcción de algo nuevo a partir de distintos elementos. Requiere habilidades diferentes de las de la capacidad de análisis. Hay personas excepcionales que destacan en las dos. La mayoría de los líderes tienen una o la otra. Es más común la capacidad de análisis; la de síntesis es más rara. Ambas requieren la habilidad para ponderar, para sopesar, para determinar qué es más relevante. Ambas demandan de nosotros la habilidad para mirar hacia adelante, para tener claro hacia dónde queremos ir, para remarcar con claridad nuestros propósitos estratégicos.

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