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No es novedad que de la falta de viviendas y trabajo surjan las áreas marginales y los llamados palomares. El deterioro de la capital es notable. Aunque ciertos polos de gran inversión muestren lo contrario. Pero son islas de progreso urbano en medio de mares de pobreza. Y los servicios insuficientes son diarias pesadillas para los tres millones y medio de habitantes de una ciudad que no cuenta con suficiente oferta comercial, cultural ni laboral para todos sus habitantes. La violencia, la suciedad y los transportes deficientes lesionan la vida urbana. Se afecta también la recepción turística.

La ciudad de Guatemala es una especie de urbe carcelaria; sin lugares públicos, disminuidos por razones de seguridad, lo que ha producido un estilo de feudalismo urbano excluyente y una vida cultural y raquítica y elitista.

La tugurización de la capital ha llevado a la pérdida de la buena vida callejera. Andar por la ciudad es un peligro. Incluso viajar en un bus urbano es arriesgarse a ser asaltado. La criminalidad en la vida callejera produce el candado social. Talanqueras, casas con alarmas, guardianes armados y hasta cercas eléctricas.La capirucha Y el temor a salir. La ciudad penitenciaria. El candado social exige además la exclusión de las personas que no pertenecen a la zona, al barrio, al condominio o a la misma clase social. Los espacios abiertos han sido sustituidos por los mall, construidos a imitación del primer mundo pero con una enorme carencia de ofertas culturales en los mismos: faltan librerías, teatros, galerías, bibliotecas.

En la capital el transporte público había tenido la paradoja de ser privado. Subsiste con subvenciones que permiten grandes ganancias privadas. Un servicio deficiente, con unidades en mal estado, personal poco calificado y falta de cobertura. No existe todavía un sistema más global, como un metro o tranvía. El transmetro vino a romper ese monopolio de alguna manera y a brindar un servicio eficiente y seguro aunque sin resolver integralmente el problema, es parcial.

La ciudad parece haber sido planeada para carros y no para peatones. El parque automovilístico, además, hace rato superó la capacidad vial de la ciudad. El caso del tráfico tiene raíces estructurales y no solo de organización. La ineficiencia y carencia del servicio de transporte colectivo es la causa principal.

El agua resulta otro problema. Escasez e impotabilidad. El negocio de vender agua potable muestra una carencia de calidad en el servicio. La ciudad se hará cada vez más sedienta y el acceso al agua más desesperado.

No son cambios cosméticos los que urgen; ninguna cirugía plástica sirve para remozar el rostro del monstruo. Se requiere de una metamorfosis total, que implique el cambio de estructuras en todo el país. La reforma urbana y la prevención deben aplicarse ahora. No dejar que el caos y la tugurización sigan dañando las calles, los parques, las plazas, las alamedas de la ciudad, que deben ser espacios para el encuentro social y la dinámica comercial y cultural. 

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