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En los corrillos del Congreso, en las redes sociales, en la comidilla de la gente, en cualquier sitio adonde ponga usted atención, se habla que la elección de presidente del Congreso denota el desastroso estado del Estado.

Hay varias propuestas para cambiar el sistema que ya fracasó. No hay remedio alguno. No hay persona milagrosa salvadora. Ni organismo u organización que pueda con poderes mágicos para componer un sistema que no agoniza, si no está putrefacto de tanto tiempo de muerto que lleva. Nadie apuesta a revivir ese muerto ni hay quien lo proponga.

Ciertamente en este desastre algunos tienen la ventaja de seguir medrando a la sombra de un Estado que fue cooptado para robar, por el Partido Patriota y los ahora presidiarios  expresidente y exvicepresidenta. Este nuevo gobernante ni porque esté lleno de la buena voluntad y buenas intenciones, que dicen tiene, podrá modificar la situación. El problema sería lo mismo para otro que ocupara la silla presidencial. Nadie puede revivir un muerto. Y en los procesos sociales, los gobernantes solo pueden administrar las crisis porque no hay forma de resolverla.

Por eso hemos afirmado que debemos unificar criterios los que proponen fundar un nuevo estado, desde abajo, desde las élites pensantes y/o las élites de la sociedad dividida que vivimos. Otros hemos planteado la refundación del estado. Pero el diálogo de sordos nos conduce al estancamiento como nación. Se trata de plantear en este momento que nos reunamos los que tenemos un sentido patriótico, que buscamos soluciones de nación y no personal, los que creemos en el futuro y no queremos que sigan las prácticas del pasado. Los que apostamos a que nuestro país merece un futuro mejor y que no sigamos haciendo lo mismo porque tendremos los mismos resultados.

Hay que despojarse de todas las descalificaciones inveteradas que practicamos en este país de cangrejos. Se trata de nuevos paradigmas y de no seguir enfrentados unos a otros, sino la búsqueda de la salvación de la Patria. No cuestionar todo lo que otros dicen, sino escucharlos, unidos todos para llegar a consensos sin los viejos esquemas de las izquierdas y derechas. Porque la izquierda esta atomizada además de paralizada y es imposible que aislados propongan y encuentren salida a la crisis nacional. Tampoco con los esquemas retrógrados de la derecha tradicional encontraremos salida. No queremos más de los mismos argumentos. Se trata de nuevos argumentos, de nuevos nortes en nuestras brújulas que permitan tomar un rumbo que a la mayoría nos conviene.

Terminar con el gobierno de una minoría que trata nuestro país como su finca privada. Se trata de unirnos en un amplio frente sin descalificar a nadie, que nos entendamos como diversos y nos aceptemos como tales, pero que el destino común del país nos compete a todos. Sin sectarismos, ni con mensajes de odio, sin restar sino sumar, sin dividir sino multiplicar. Llenarnos de realismo, del mayor realismo social posible para que encontremos el camino de la refundación del estado ya que no podrá seguir hundiéndose la Patria en el precipicio del enfrentamiento sin soluciones. Que los pobres no sean ignorados y que nuevos actores encabecen la salida a la crisis por hoy en vías de profundizarse. Por la Salvación Nacional pensemos como guatemaltecos patriotas y no como parcelas de pensamiento aislados unos de otros.

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