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La elección del futuro presidente del Congreso de la República se ha pospuesto últimamente. Hombres de la vieja política, como Mario Taracena y Oliverio García Rodas, se presentan  como los candidatos entre quienes tendrán que decidirse los votos suficientes para ocupar ese cargo.

También ha surgido la candidatura de la diputada Nineth Montenegro, quien ha sido propuesta por las bancadas minoritarias del Congreso. Ella ha manifestado que intervendrá en el proceso, si Taracena o García no obtienen los votos suficientes para ganar la presidencia.

Quienes ven desde afuera las elecciones del Congreso,  estiman que quien salga electo de los candidatos fuertes no hará grandes cambios. Aunque a Taracena se le reconoce haber dado a luz los salarios de los trabajadores del Congreso, además dar a conocer algunas anomalías que se producen en el Legislativo.

En el caso de García Rodas, se le reconoce su experiencia parlamentaria, pero su pasado con el Partido Patriota no lo hace bien visto por la población en general,  aparte que el reciclaje de diputados,  como los de Líder, que ahora se trasladaron al FC-Nación, lo ven como un candidato de los grupos políticos que su pasado no es el deseable. Para infortunio general, la población no puede influir en la elección, pero sí manifestarse en contra de los intereses oscurantistas que siempre se han manejado en el Congreso, las famosas prebendas por los votos y hasta la distribución de las obras.

Pareciera que estas malas prácticas persisten en el Legislativo, donde los partidos políticos, dirigidos por personas que muchas veces no gozan de la simpatía de la población, toman las decisiones a su conveniencia. Lo que la población demanda del Congreso es que se aprueben leyes que les beneficien y no que sea un ente inoperante que gasta muchos millones en salarios, dietas, viajes y nada productivo cada vez que concluye un año.

Por ello la insistencia de muchos sectores en reformar la Ley Electoral y de Partidos Políticos, porque no se ven representados por muchos de los diputados que allí se encuentran. Es un clamor popular que se estipule un nuevo sistema de elegir a los diputados, porque las personas votan por el partido y no por la persona. Entonces, los candidatos no llegan por capacidad, sino por amiguismo o por aportar dinero al partido.

En la realidad, la ciudadanía no conoce a los diputados que los representan en el Congreso, cuando lo ideal es que votaran por los candidatos y no por los partidos que los incluyen en sus listados.  De allí la urgencia sobre que los jóvenes se involucren en la política, que formen nuevos partidos, para dejar de una vez a la clase viciosa que sigue enquistada en el Congreso.

En Guatemala, la mayor parte de la población es trabajadora y honorable, tiene principios, pero no participa en política para no involucrarse con personas que tienen manchado su prestigio.  Es tiempo de cambiar, de buscar nuevos derroteros para el país, y buscar realmente a las personas que queremos que nos representen en cualquier cargo púbico. Si después fallan, debe asumirse la responsabilidad por haberlos llevado al cargo o curul.

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