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A pesar de las carencias presupuestarias del país, el Ministerio de la Defensa nacional no ha recibido recortes en los últimos años, y sus recursos se incrementan cada año. La eficacia (obtención de resultados) y la eficiencia (obtención de resultados con menos recursos y tiempo) de la PE del EG debería evaluarse considerando la existencia de fondos, y de cara a sus funciones. Por razones de tiempo, nos centraremos en las siguientes: El EG está profundamente involucrado en las funciones de seguridad pública y, al interior de las Fuerzas Combinadas con la PNC, son los oficiales militares, quienes ejercen el mando, en la práctica, aunque las normas digan lo contrario.

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En ese orden de ideas, la PE del EG en esta materia ha sido un fracaso rotundo, entre otras, por las siguientes razones: Seguimos siendo uno de los cinco países más violentos del mundo. La criminalidad va en aumento, y las ocasionales disminuciones que se alcanzan en un año, se pierden en el siguiente. En seguridad privada se invierte el 7% del PIB, según el PNUD. Hay zonas en el país que están bajo el control del crimen organizado. El control fronterizo es ineficiente, permitiéndose el flujo de indocumentados, armas y drogas, así como la trata de personas.

El fracaso en la seguridad pública es tal, que los Estados Unidos de América ha tenido que formular el Plan para la Prosperidad del Triángulo Norte, y dotarlo de fondos, para suplir las falencias de los gobiernos, ejércitos y policías del área. La PE del EG en materia de prevención de riesgos y atención de desastres es un completo fracaso, entre otras, por las siguientes razones: Guatemala está ubicada en el cinturón volcánico de CA, en la ruta de los huracanes, y entre dos placas tectónicas que, periódicamente, provocan terremotos. Esto ha llevado a la ONU a calificar a Guatemala como el cuarto país del mundo con mayor vulnerabilidad. A pesar de ello, los planes de prevención son inexistentes o ineficientes, y cada año el EG apoya para enfrentar los desastres sociales por fenómenos atmosféricos, en vez de prevenirlos, dejando un saldo de desplazados, heridos y muertos. Con el Mitch se perdió el 7% del PIB y con el Stan el 8%, a pesar de lo cual ni los planes de prevención, ni los de contingencia, ni los fondos asignados son coherentes con el tamaño del riesgo.

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