Home > Columnas > Cascarones políticos

La crisis social y económica del país, la inviabilidad del Estado, la corrupción y la ausencia de políticas de desarrollo, se derivan de la carencia de un verdadero régimen de partidos políticos. Por supuesto, estas condiciones son motivadas por intereses económicos muy arraigados,para los que es preferible un Estado inoperante y débil a un Estado funcional y soberano. Los cascarones que se llaman aquí partidospolíticos no son más que vehículos electoreros, buscando el poder como un fin y luego desaparecen.

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Guatemala necesita nuevos partidos políticos, pero esto requiere salir de los esquemas a los que estamos acostumbrados. Estas organizaciones tienen eternos dirigentes a quienes nadie mueve, lo cual les permite una cómoda posición electoral a título personal. Es muy típico que los puestos de secretario general, secretario de Organización o el de secretario de Actas, queden en familia o en personas a quienes se pueda controlar fácilmente para mantener el statuquo del partido. En estos casos el patrón o dueño del partido es a la vez el eterno candidato presidencial, candidato a diputado o candidato a alcalde.

El Tribunal Supremo Electoral es, en parte, responsable de que los partidos se compren y se vendan como un puesto del mercado. La ley electoral no lo prohíbe. Eso es cierto. Sin embargo, quienes intenten organizar un nuevo partido político se darán cuenta de que esa es una tarea casi imposible, sujeta a cientos de requisitos formales, tiempo y dinero, generosos estímulos para el mercantilismo político. Luego, existen partidos inactivos, virtualmente secuestrados por los “dueños” de “las fichas”, que nunca han tenido comités ejecutivos, consejos políticos, filiales ni asambleas.

Un partido que no funciona, automáticamente debería ser anulado. Pero por otra parte, el Tribunal Supremo Electoral debería ser un ente facilitador para la creación de nuevos partidos políticos, instruyendo en esta línea a las autoridades que tienen a su cargo las solicitudes que se presenten,  de manera que no haya retardo malicioso en las resoluciones. Se necesitan partidos, sí, pero verdaderos partidos políticos. El régimen actual de partidos carece de legialtimidad y credibilidad.

No involucra participación ciudadana. Son estructuras creadas para un candidato predeterminado. Algunos se dicen institucionales porque han sobrevivido 10 y hasta 25 años. Sin embargo, conservan su estructura vertical y en algunos casos solo cambian de dueño o patrón. Lo que importaría essudinámica interna; es decir, si ejercen o no la intermediación social con el Estado.

No resisto la tentación de repetir lo que dijo Vladimir Putin a los empresarios rusos, refiriéndose al Estado, hace 16 años: “Si no les gusta lo que ven no le echen la culpa al espejo”. Tampoco puedo dejar de citar a Rodolfo Paiz Andrade, quien en 2002promovió elecciones internas en la Unión Democrática(UD) para postular candidatos a la presidencia y vicepresidencia,como parte de un proceso único de apertura en un partido político.

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