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Recientemente (Aceprensa oct. 12 2016) destacaba el Dr. Rodríguez-Borlado la importancia de que la mujer esté en la vanguardia de la conciliación entre familia y vida laboral, y señalaba que para ello las madres necesitan flexibilidad. Nos importa a todos; “no solo a ellas”, sino a la entera sociedad.

Y destacaba que frecuentemente atender las necesidades familiares exige sacrificar  actividad profesional. Los datos muestran que es la mujer quien lo está haciendo, aunque la brecha con los hombres ha disminuido en los últimos años. También se sugiere que las políticas laborales importan: en algunos países las madres gozan de facilidades para trabajar a tiempo parcial, y se acogen voluntariamente a esta opción; en otros, a muchas no les queda más salida que abandonar completamente la vida laboral.

En relación a este tema es de interés recordar algunas conclusiones de la escritora Jenifer Senior, quien aporta como datos en un artículo en The Wall Street Journal Sobre uso del tiempo en Estados Unidos. Asegura en ese artículo que “una hora gastada en un tipo de tarea no es necesariamente equivalente al esfuerzo de una hora dedicada a otra”; por ejemplo, cuidar a los hijos genera mucho más estrés que otros trabajos.Mujer, trabajo, familia

Porque hay otros elementos que también inciden en la diferente percepción de lo que supone el tiempo dedicado, como la falta de sueño continuada en los primeros años de cuidado de los hijos, que afecta más a las madres que a los padres, y les causa agotamiento. En opinión de la autora, una madre con trabajo remunerado hará de media unas diez horas semanales más que los padres de lo que denomina “multitarea”, que está compuesta de trabajo de la casa y cuidado de los hijos.

Recientemente el papa Francisco sugería ayudar a las mujeres a armonizar el trabajo con la familia, dada la importancia de la mujer en la vida laboral; y pide que se les ayude en esto. Y destacaba la necesidad de “reflexionar sobre las consecuencias de la frecuente contradicción entre las exigencias familiares y la organización del trabajo”. Y que se insista en afirmar el papel insustituible de la mujer en la familia y en la educación de los hijos, así como el aporte esencial de las mujeres trabajadoras en la edificación de estructuras económicas y políticas ricas en humanidad, concretando sugerencias para armonizar los compromisos laborales con las exigencias familiares.

Hay que partir de una concepción correcta del feminismo, que no considera que la mujer debía ser antagonista del hombre; y considerando además que hay dos grupos de mujeres: las madres y las que no lo son. Ahora se va consolidando una corriente que sostiene que hombre y mujer deben advertir sus diferencias en armonía y colaboración, Y asimismo se pide a la organización social que permita a la mujer elegir en su vida, y que se puede tener éxito laboral sin que afecte a su vida familiar y cuidado de sus hijos. Y concluye: para ello “necesitan ¡mucha ayuda de la sociedad! Y esta las necesita… mucho más”.

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