El Siglo

La niñez: conciencia del futuro

Las sociedades logran alcanzar su perdurabilidad porque son capaces, no solo de procrear sino de formar conscientemente a las nuevas generaciones que renuevan la vida humana. El papel de la educación ha consistido en transmitir conocimientos,  valores e ideales que forjan a las personas del mañana.

Esto es lo que ha conducido a una especie de secreto compartido por todos los habitantes de la Tierra, de perdurar en la conciencia de nuestros herederos. Son ellos, los del futuro, quienes conseguirán que no se apague el fuego  de la humanidad. Los adultos, en todas las culturas y tiempos, han definido diversas formas para heredar sus propias visiones del mundo, a través del lenguaje, las ideas y conceptos.

Lamentablemente, por la ausencia de justicia social, la niñez pierde la maravilla de la vida en la muerte. Existen cientos de ejemplos dramáticos en las sociedades del mundo de profunda ignominia contra los infantes que hoy, además, sufren con los estertores de la guerra. Pero, también es cierto que en cada momento histórico la humanidad hace lo suyo para renovar esfuerzos que permitan resguardar el tesoro de la vida humana.

Sin embargo, hasta hoy los harapos de miseria y de balas asesinas siguen cubriendo la tierna piel de la niñez, que muere de hambre y descuido social. La Declaración de Ginebra de 1924 sobre los Derechos de los Niños, la Declaración de los Derechos del Niño del 20 de noviembre de 1959 y el Acuerdo Gubernativo del Gobierno de Guatemala que declara el 1 de octubre como el Día del Niño, constituyen herramientas morales para una práctica de respeto para la niñez.

Nos corresponde asumir una conducta que abra las compuertas de un mundo en el que la justicia y la felicidad sean una realidad. Nuestro compromiso estriba en forjar las conciencias del futuro que guardarán el hilo humano de la historia y en el que germinará la esperanza de un mundo feliz.

En todo caso, los adultos de hoy seremos los ancianos del mañana, y el bordón que sostendrá nuestro cuerpo endeble no podrá ser fuerte si no pudimos formar a personas solidarias para vivir en comunidad. Miles de niños y niñas deambulan por las calles en busca de ese amor. No es justo que hoy tengan que recorrer esquinas oscuras en busca de alimentos, donde niñas se prostituyen en el flagelo de la descomposición social.

Mirar los rostros entre ingenuos y tristes de la niñez triturando piedras con delgadas manos a la orilla del río Samalá, expresa nuestro atraso cual si fueran aquellos momentos en los cuales surgió salvajemente en Inglaterra, la acumulación capitalista.

Estos seres humanos orillados por la ausencia de equidad,  es la señal palpable de que en nuestra conciencia aún no vibra la esperanza de la vida, porque jugamos con la muerte de quienes pueden ser nuestra propia conciencia en el futuro. Frente a una realidad lacerante es de preguntarnos si en el derroche que hacemos de nuestra vida diaria cabe el futuro de nuestra propia patria.

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