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¿Sienten una amenaza en Taracena?

El Congreso de la República tiene por delante una tarea importante y difícil. Importante, porque en sus manos está la responsabilidad de reformar las normativas que guían la conducta social, de las cuales puede surgir el verdadero cambio para el país. Y difícil, porque es una lucha cuesta arriba. Si los diputados lo hacen bien, los cambios pueden ser positivos para Guatemala y para los guatemaltecos, quienes a la vez debemos esforzarnos por cambiar individualmente para contribuir a la construcción de un mejor país. Pero si lo hacen mal, es decir que continúan con las malas prácticas de corrupción y defensa de intereses particulares, seguro seguiremos estancados en el subdesarrollo.

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A la hora que escribo este artículo, en teoría aún faltan algunas horas para que los congresistas elijan a la junta directiva que conducirá el Organismo Legislativo durante 2017. Y a estas alturas, dos nombres sonaban con mayor fuerza para encabezar ese cuerpo colegiado. Por un lado, el del actual presidente Mario Taracena Díaz-Sol y, por otro, el de Oliverio García Rodas. Ambos diputados de muchísima experiencia y habilidad política. Sin embargo, los acontecimientos del país durante los últimos dos años nos han demostrado que también se requiere determinación, fuerza y coraje para enfrentar los momentos difíciles y a las personas y grupos de presión.

La decisión de elegir solo está en los 158 diputados que integran el Congreso. Y aunque como ya he dicho que los dos candidatos me parecen experimentados y habilidosos en el juego político, pienso que Taracena, aun con todo lo que se le critica por su forma de hacer las cosas, ha demostrado que puede hacerlas, sin miramientos y donde se deben hacer.

La mejor muestra es que tiene arrinconados a los sindicatos que, por años, han abusado y dilapidado los recursos de los guatemaltecos. Ha despedido, con orden de juez, a quienes ocupan cargos sin respaldo técnico ni académico o que solo los han obtenido por la gracia de los favores políticos. Ha denunciado a los congresistas que abusan de su posición y ha facilitado el trabajo investigativo del Ministerio Público y la Comisión Internacional contra la Impunidad en Guatemala en contra de los corruptos de ese organismo. Y lo ha hecho de frente, no ha recurrido a sucios artilugios para atacarlos por la espalda.

A Mario Taracena lo conocí hace muchos años siendo yo reportero de la original revista Crónica y él ya un legislador. Tengo mucho tiempo, años, en realidad, de no hablar personalmente con él, pero siempre me ha parecido una persona que defiende lo que piensa y hace las cosas como mejor le parecen, aunque no sea del agrado de los demás. Acciones un poco alocadas, dirían algunos, pero nadie puede negar que, hasta hoy, su trabajo en el Congreso ha sido el adecuado. Ha conducido al Legislativo por un buen camino, si no el mejor, sí uno por el que se pueden vislumbrar luces de cambio.

Ojalá y los diputados no se equivoquen otra vez, como lo han hecho en muchas ocasiones. Pues aunque Oliverio García Rodas también es un buen candidato, las fuerzas que intentan llevarlo a la presidencia del Congreso me parece que no lo están haciendo más que por proteger sus posiciones y buscar cómo deshacerse de un Taracena que podría ser una piedra en su zapato, e incluso costarles un antejuicio.

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