Home > Columnas > De regreso a la escuela

No. No es un error de fecha o de otro tipo, no estoy escribiendo para enero cuando se regresa a clases. Estamos en pleno final del ciclo lectivo y es ahora cuando en realidad se da el regreso a la escuela. Veamos en qué sentido y a qué reflexiones nos lleva.

La palabra escuela proviene del latín schola y este vocablo del griego skhole que significa, ocio, tiempo libre. Así, cuando hablamos de escuela, hablamos de un lugar para vivir nuestro tiempo libre, no para vivir los terribles momentos forzados de la institución a la que llamamos escuela. El tiempo libre es el momento más maravilloso para aprender, para gozar, para hacernos plenos. Es el momento de los aprendizajes que surgen porque los queremos, porque los buscamos, porque los propiciamos, no porque alguien nos imponga su mirada, su visión y sus intenciones. Es en ese tiempo que también nos encontramos con desafíos, con oportunidades de crecimiento, de sentirnos dueños y protagonistas de nuestra vida. Por eso, las lecturas en vacaciones son las más ricas y apasionadas que hacemos, porque son nuestras, son derivadas de decisiones que tomamos, responden a inquietudes o curiosidades nuestras, las hacemos por el placer de hacerlas.

Las vacaciones, como tiempo libre o como tiempo para el reencuentro y la vida plena, no son vistas así por la sociedad nuestra. Es el tiempo de parquear a los niños, niñas, adolescentes y jóvenes en la casa y con ello complicar las cosas, ejercer más controles y perder la comodidad de un medio tiempo en que están casi recluidos en los establecimientos educativos.

Es una pena que así veamos este tiempo porque desperdiciamos la oportunidad de nuevos aprendizajes, de descubrimientos interpersonales, de aproximaciones a la naturaleza, a la sociedad, a la vida en todas sus formas. Si pensamos que las vacaciones son el tiempo forzado o el tiempo de descanso para recuperar fuerzas y seguir con la escolaridad, es decir, como un tiempo necesario para poder hacer bien el otro tiempo, el escolar, el que sí importa, entonces dejamos que estos meses se vayan sin habernos ayudado en la formación de las jóvenes generaciones.

El problema es que nuestro país no cuenta con posibilidades organizadas, ni con un clima social de seguridad garantizada que nos abra tantas posibilidades. Ni contamos con parques, ni con programas recreativos, y nos da terror lo que sucede socialmente como para propiciar viajes, intercambios, visitas, etcétera. La oferta recreativa para las vacaciones solo puede estar al alcance de quienes pagan escuelas de vacaciones, las cuales también debieran ser motivo de reflexión pedagógica profunda. ¿Y los demás?

Ponerle atención integral a este tiempo es tan importante como la que ponemos al llamado ciclo lectivo. Porque también aquí se hace la vida y se aprende a estar en ella. Porque es tiempo para aprender a socializar de manera diversa. En la medida que se hacen arreglos para organizar esos días, para hacer posible el encuentro con familiares y amigos a los que se ve poco en tiempos ordinarios, para aprender cosas que nos interesan y no son parte del currículo regular, en esa medida las vacaciones nos ayudan a complementar la vida familiar y social.

Volver a la escuela, pues, pero a esa que significa gozar el tiempo libre, aprender desde y por el interés personal, sentir la llamada a la libertad sin dejar de ser responsables. Y lo bueno de estar en el tiempo libre es que nos sentimos libres del tiempo. ¡¡Vivimos!!

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