Home > Columnas > Tierra de nadie

La ausencia de Estado es una constante. Una de las expresiones más dramáticas de esta realidad es el vacío de poder y la corrupción en el sistema penitenciario, ya que de todos es conocido que desde la cárcel se planifican crímenes, secuestros y extorsiones, por incapacidad o complicidad de las autoridades carcelarias. Desde hace largo tiempo el sistema penitenciario se volvió tierra de nadie.

Un reo contó hace unos días que él y otros detenidos pagaron 30 mil dólares para cambiar de prisión. En el preventivo de la zona 18 los reclusos construyeron una cancha deportiva, mientras trasciende que en la cárcel de Fraijanes se cuenta con una piscina. A los centros preventivos entran teléfonos, televisores, computadoras, hornos de microondas, refrigeradoras, camas, juegos de sala, armas, y hasta mujeres para dar servicios. Lo más sonado fue el asesinato del capitán Byron Lima, quien hizo de la cárcel su gran poderío económico y político. Son conocidas las noches de parranda y licor, sobre todo los viernes, en las cárceles del país. Muchos reos llevan una vida de rey, con seguridad, dinero y protección.

Actualmente el sitio más seguro para delinquir es una cárcel. Desde ahí se pueden impartir órdenes para  hacer cualquier cosa. Jefes de jefes dirigen operaciones ilegales de toda clase. El círculo es vicioso, porque se llega al extremo de que los propios grupos organizados pueden proponer a sus autoridades.

El sistema penitenciario depende del Ministerio de Gobernación. Este es uno de los problemas, porque el sistema penitenciario debería ser parte del Organismo Judicial y ser regido por las normativas del consejo de la carrera judicial. El sistema penitenciario opera como un gobierno autónomo; es decir, es casi una isla con independencia del resto del Estado. ¿Cómo puede administrar un ministro de Gobernación tantos islotes: la Policía Nacional, Migración, Sistema Penitenciario, Seguridad Interna, Investigación y la parte administrativa del propio ministerio? Imposible. La institucionalidad del sistema penitenciario debería revisarse. En lugar de gastar en nuevas cárceles deberían remozarse las instalaciones existentes para convertirlas en lugares funcionales, modernos y seguros.

Es necesario y urgente poner un alto a este desorden que caracteriza a muchas estructuras del Estado, unas que no cumplen con sus funciones y que fueron creadas para asuntos ya sin vigencia, y otras que se duplican en objetivos y presupuestos. ¿Cómo es posible que el Ministerio de Gobernación siga a cargo del Diario de Centro América?

La cadena de justicia debe depurarse y reorganizarse, con apego a la ley y el respeto de los derechos humanos. No es lógico que mientras el Ministerio Público avanza en la lucha contra la corrupción y el crimen organizado, otras instancias de esa cadena, tales como autoridades del Sistema Penitenciario, magistrados y jueces del Organismo Judicial, policías y hasta miembros del ejército, continúen con procedimientos y resoluciones típicamente corruptos.

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