Home > Columnas > La guerra sin fin

Según recientes reportes de la agencia noticiosa AFP, en la televisión rusa se propala la idea de que la Tercera Guerra Mundial ha dado inicio en Siria, debido a la ruptura, el 3 de octubre, de las negociaciones entre Washington y Moscú sobre esta guerra, tras el fracaso de un alto el fuego negociado en septiembre.

Como todo lo que sucede en este mundo globalizado, los enfrentamientos en una localidad como Alepo tienen efectos mundiales, pues todo está interconectado en tiempo real. Sin embargo, la marejada de información es tan grande y tan confusa, que el ciudadano común no sabe a ciencia cierta qué sucede, ya que la manipulación de la opinión pública nunca fue tan intensa y tan frecuente, gracias a la comunicación instantánea en todo el orbe, que destaca unos hechos, oculta otros y deforma la verdad.

En ese orden de ideas, John Kerry declaró que  los bombardeos de Moscú y Damasco contra hospitales de Alepo eran parte de una “estrategia dirigida”. Según la ONU, las bombas rusas y sirias transformaron Alepo en un “infierno en la Tierra”, incrementando las críticas de los países occidentales.

En contrapartida, en la primera cadena pública de la TV rusa, en el programa estelar del domingo por la noche, se anunció que las baterías antiaéreas rusas en Siria podrían derribar aviones estadounidenses, si estos surcan el espacio aéreo sirio. Por su parte, el canal de información continua Rossia 24 emitió un reportaje sobre la preparación de refugios antinucleares en Moscú.

En la radio moscovita se debate sobre ejercicios de “defensa civil” que, según el Ministerio de Situaciones de Emergencia, movilizaría a 40 millones de rusos durante una semana, con el objetivo de practicar evacuaciones de edificios y simulacros de incendio.

Lamentablemente, no se trata de un simple duelo de declaraciones, ya que la escalada bélica es una realidad, pues en su base naval del puerto sirio de Tartús, el ejército ruso desplegó baterías antiaéreas S-300, capaces de destruir cazabombarderos, en una demostración de fuerza que no va dirigida a los yihadistas ni a los rebeldes sirios, sino a la marina y a los aviones de la OTAN, citando al portavoz del ejército ruso, general Igor Konachenkov, quien lanzó advertencias a la Casa Blanca, al Pentágono y al Departamento de Estado.

La confrontación entre los rebeldes y el Gobierno sirio, con intervención del terrorista Emirato Islámico, escaló a una posible confrontación entre superpotencias. Según el Consejo de Seguridad de la ONU, se establece un escenario de guerra mundial cuando cinco o más países se enfrentan militarmente, y en esta guerra se confrontan EE. UU., Francia, Gran Bretaña, Turquía, Arabia Saudita, Jordania, Irak, Catar y Egipto, contra Siria, Rusia e Irán, con un saldo de más de 250 mil muertos, cientos de miles de heridos, y dos millones de refugiados.

El sábado pasado, en Ginebra se celebró una nueva reunión para tratar de frenar esta guerra, que se presagia mundial, acordando discutir nuevas ideas para reactivar el alto al fuego.

Analizando el papel del Gobierno de EE. UU. en el mundo, el ultraderechista Instituto Cato concluyó en un artículo, con ese título, que El legado del presidente Obama es la guerra sin fin.

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