Home > Editoriales > Escuelas o cárceles

En otros países las prisiones están fuera del perímetro de las ciudades, y estas decisiones las toman las autoridades por razones de seguridad. Quienes manejan este tema consideran que es absurdo que los centros carcelarios estén en medio de la ciudad, cerca de instituciones educativas, de entidades o de espacios deportivos para la niñez y para la juventud.

El arzobispo metropolitano, Óscar Vian Morales, tocó el tema después de la misa dominical de ayer, y fue enfático en señalar que es mejor construir escuelas y no cárceles.

En la realidad, la educación juega un papel importante en el desarrollo de las sociedades y contribuye no solo al crecimiento del saber, sino a que las personas pueden desarrollarse en el campo, porque ayuda a fomentar habilidades.

Desde luego, tampoco se puede obviar que el sistema carcelario en el país tiene una serie de deficiencias, empezando por los protocolos de seguridad.  Dentro de los presidios, según los analistas, no hay control. Quienes están adentro, en muchos casos permanecen hacinados, y quizá es ingrato para quienes llegaron allí por delitos menores.

Desde luego, en un momento las dos opciones son necesarias, más escuelas y más cárceles. Pero al haber más centros de privados de libertad se fomentan más espacios y estos son los que se deben evitar.

Lo urgente es crear mecanismos alternativos para las personas que no han cometido hechos deleznables; pueden tener medidas sustitutivas de acuerdo con la gravedad de los delitos que se les imputan.

Los vecinos de Villa Nueva tienen sus razones en no querer una cárcel cerca, porque, como sucede en la zona 18, muchas personas buscan trasladarse a colonias aledañas para estar cerca de algunos privados de libertad y en muchas ocasiones las visitas no son netamente  para tratar temas familiares.

Lo que sucede es que en el país la seguridad no está garantizada ni para unos ni para otros, aunque a veces la misma población convive y sabe dónde están las personas que viven al margen de la ley y no las denuncian. Esto poco a poco ha ido cambiando y la población ya se cansó.

Pero en todo esto el papel del Estado es importante, porque debe implementar mecanismos para que quienes están en centros carcelarios sean ocupados en labores de beneficio y así puedan reintegrarse a la sociedad.

Se debe entender que los presidiarios son seres humanos que cometieron un error, pero pueden enmendarlo. Por lo menos  debe haber condiciones mínimas de salubridad para que no haya epidemias ni enfermedades que tengan un costo mayor del que ya se produce con la alimentación que se les provee y otros servicios.

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