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Reconocer derecho y aceptarlo

Los 47 jueces de los 47 países del Consejo de Europa, que integran el pleno del Tribunal de Estrasburgo (el tribunal de Derechos Humanos más importante del mundo), han dictado una sentencia de enorme relevancia (ace, 15 jul 2016). Por unanimidad, estableció textualmente que “no existe el derecho al matrimonio homosexual”. En la histórica -e inexplicablemente poco difundida- resolución, también ha dicho el Tribunal que la noción de familia no solo contempla “el concepto tradicional del matrimonio, a saber, la unión de un hombre y de una mujer”, y consiguientemente no se debe imponer a los gobiernos la “obligación de abrir el matrimonio a las personas del mismo sexo”.

Hay muchas más razones de pura ley natural que explican el gozo con que esta decisión ha sido acogida. Se comentaba con esta oportunidad lo sucedido a un padre de familia francés, que al preguntar a su hijo qué quería llegar a ser, este le contestó: “Ser una niña”. Y que entonces el padre se dio cuenta de que en los libros de texto se enseñaba la teoría de género, y cómo va contra la naturaleza de las cosas. Porque una cosa es tener tendencias homosexuales, y otra, que se haga en las escuelas una enseñanza en esta línea. Se ve que existe una voluntad de cambiar las mentalidades, lo que ahora se califica como una colonización ideológica.Reconocer derecho y aceptarlo

Ciertamente, como se ha recordado recientemente, el matrimonio, parte de la naturaleza humana, está programado para procrear, y para ello se necesita hombre y mujer: personas humanas, pero distintos y complementarios, psicológica y morfológicamente. A los homosexuales hay que respetarlos y en lo posible ayudarles. En este aspecto, si dos o más homosexuales quieren convivir y asociar bienes, hay leyes a las que puede apelar cualquier persona, sin necesidad de instituir un nuevo matrimonio. Para el matrimonio como institución social, hay que partir de lo programado por la naturaleza para que funcione bien la sociedad. El llamar matrimonio a la unión homosexual confunde sobre el significado verdadero del matrimonio.

Y por ello la ideología de género disgrega a la familia, al romper un lazo del hombre con su propia naturaleza, pues según esa filosofía, el sexo no es un dato originario de la naturaleza que el hombre al aceptarlo y darle personalmente llena de sentido a la familia y  a la entera sociedad. Y siempre no está de más recordar que la única definición de “género” que obliga a los gobiernos es la contenida en el Estatuto de Roma del Tribunal Penal Internacional, que declara que “el término ‘género’ se refiere a los dos sexos, masculino y femenino, dentro del contexto de la sociedad”.

Y, consiguientemente, recordar que no hablamos de defender “lo tradicional”, algo simpático que deba conservarse. Nos encontramos ante algo que afecta al corazón de nuestra cultura, a la paz: que está afectada de modo trágico por el desmontaje de la familia operado desde los años sesenta del pasado siglo por esta ideología. No podemos dejarnos…

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