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Marchando con mucho orgullo, resonaron los taconazos del Batallón de la Paz y Dignidad de los Pueblos Maya-Queqchíes en el silencio del Patio de la Paz, en el Palacio Nacional de la Cultura. Este lunes 10, en homenaje al comandante Turcios Lima y a la Fundación que lleva su nombre, se hizo el cambio de la Rosa Blanca. Rodeando las dos manos izquierdas se colocaron 64 rosas rojas simbolizando el recuerdo de todos los caídos en octubre, entre ellos el  Che Guevara que en 1954 estuvo junto al presidente Árbenz dispuesto a luchar por nuestro pueblo.

El Batallón de Chajmacan lo conforman 200 efectivos, 30 de ellos niños y 20 mujeres. Representan a miles de campesinos sin tierra en el país. Tienen el orgullo de ser la primera experiencia de acceso a la tierra sin recibir un solo centavo del Fondo de Tierra ni del Gobierno. Son sujetos de crédito en razón del prestigio de la Fundación Turcios Lima y su propia organización en una Sociedad Anónima que pagará con su trabajo los millones en los que se valuó la tierra que ocupan. Tienen bosques maderables que explotarán de manera sostenible. Pondrán un aserradero para darle valor agregado a la madera y para crear fuentes de trabajo. No solo la oligarquía genera empleos como nos restriega en el rostro a diario por los medios de prensa a su servicio. Los campesinos pobres sin tierra pueden también generar trabajos, obtener ganancias, demostrar que son capaces y no rapaces.

Estamos trabajando con exsoldados, algunos de quienes  ya participaron en misiones de paz en otros países; con hijos de exguerrilleros que se dedican al trabajo honrado y mantienen el orden ciudadano en su comunidad. En Chajmacan no entra la Policía porque no tiene razón para hacerlo, ellos tienen sus propios organismos de seguridad y vigilancia, ejercen la autodefensa comunitaria. En su comunidad no hay mareros, ni cantinas, ni violaciones, ni marihuana, ni narcos. Es una comunidad ejemplarmente sana. En orden. No tienen agua potable.

Trabajan en silencio, sin propaganda para construir la paz. Son víctimas de campaña de odio de la fundación terrorista y de la estridente gusana libertaria que habla cochinadas de nuestro país, acusándolos falsamente de estar armados, de ser violentos, cuando son un ejército de productores y que generan gobernabilidad y paz en sus zonas. Son actores, sujetos y no objetos del cambio social. Sin justicia social, pan, techo y trabajo no habrá paz en el campo, ellos serán un alivio en las presiones del campo por la tenencia de la tierra. No invaden tierras, no queman llantas, ni cierran carreteras, ni ocupan oficinas de las instituciones. Se les respeta por su alto grado de disciplina y orden. Por eso depositaron sus rosas rojas al pie de la rosa blanca de la paz.

Sorprendidos por la imponente estructura del Palacio Nacional de la Cultura, vieron sus ojos los murales que describen parte de la historia nacional. Más se sorprendieron aún cuando les dijimos que ellos eran ahora protagonistas de su historia, que estaban haciendo historia, que sus hijos los recordarán y muchos miles de campesinos sin tierra, los tomaran de referencia, como ejemplo de una nueva forma de hacer las cosas.

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