Home > Columnas > Sin reformadores no hay reforma

Desde distintos espacios en las últimas décadas se ha demandado una reforma profunda a la estructura organizativa y de poder que permita a la universidad de San Carlos ponerse al servicio del desarrollo del conocimiento para beneficio de la sociedad en su conjunto. En algunos momentos la insatisfacción de grupos estudiantiles se han traducido en medidas de presión que, llevadas a fuertes confrontaciones, han hecho imaginar a algunos que el tiempo de las reformas había llegado. No obstante, apagadas las llamas la tranquilidad vuelve a los bufetes, consultorios y oficinas públicas desde las que se negocia y controla la vida universitaria guatemalteca.  

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Ilustracion Guille

I. Guille

Bajo los auspicios de Jornadas Académicas de la Rectoría 2016 se realizó el Diplomado Reforma del estado y reforma universitaria, efectuándose el último de sus encuentros este sábado 8 de octubre. Participaron como expositores cuatro académicos reconocidos como críticos al sistema político y social imperante, quienes ilustraron al masivo auditorio sobre la tradición de resistencia política y social de la Usac que en las últimas décadas del siglo veinte la llevó a sufrir la más sangrienta de las represiones (Olga Pérez), sobre la necesidad de contar con la participación de estudiantes en el supuestamente próximo proceso de reforma (Carlos Aldana), las características básicas de lo que es el pensamiento crítico (Mario Roberto Morales) y respecto a lo que debería reordenarse en la estructura administrativa y gerencial de la Universidad (Olmedo España).

Los cuatro hablaron de lo que deberían considerar los hipotéticos reformadores, sin asumirse en ningun momento como actores o participantes activos de dicho proceso. Cupo a otro funcionario de la Usac, Mynor Otzoy, presentar lo que las altas autoridades entienden por Reforma Universitaria. Una comisión nombrada por el Consejo Superior invirtió cinco años en diseñar la metodología del proceso, la que Otzoy está ahora “socializando”. El interés y participación de estudiantes, docentes e investigadores en esos eventos socializadores ha sido raquítica en el campus central, y de cierto mayor volumen en los centros departamentales; aunque no lo dijo, si la tendencia se mantiene ese proceso bien puede durar otros cinco años.

Con lo dicho en ese evento se puede afirmar que los grupos de interés que desde 1984 medran alrededor de la institución pueden seguir durmiendo en paz pues docentes, estudiantes e investigadores no tienen por ahora más expectativa que sobrevivir dentro del modelo institucional vigente. Nadie en la estructura universitaria se mueve o rebela, pues teme perder sus mínimos y escuálidos beneficios. Los por décadas usufructuarios del poder universitario han conseguido construir una oscura solidaridad que ve en cualquier cuestionamiento una afrenta al supuesto pasado glorioso de la institución, controlando desde los colegios profesionales no solo la vida universitaria sino manipulando el funcionamiento del Estado a través de las más de 30 comisiones y directivas del poder público en las que la institución tiene representación. Nada de ello se traduce en el avance de la ciencia y el conocimiento, mucho menos en la modernización de los contenidos y las prácticas profesionales. Satisfechos con la cooptación que han hecho de la institución y de los espacios públicos, esos grupos de interès han anulado y mediatizado todo espíritu crítico  y creativo al interior de la Universidad y, sabidos que sin insatisfechos ni críticos al interior de las instituciones ninguna reforma es posible, su confort en el control del poder está más que asegurado.

Lejanos y casi desconocidos quedan ya los procesos reformadores que en las facultades de medicina y arquitectura se vivieron en la década de los años setenta, o las movilizaciones críticas y activas que dieron pie a la creación de las escuelas de Ciencias psicológicos e Historia. Por ahora los sancarlistas duermen el plácido sueño de la autocomplacencia y, críticos ferreos al Estado y a las élites económicas y políticas, no logran percartarse del ostracismo y aislamiento científico y tecnológico al que los grupos de interés de los colegios profesionales han sumido a la institución. Con la anuencia de sus miembros, la patria del criollo en la Usac día con día se consolida y reproduce.

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