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Las niñas merecen atención

En principio, el núcleo familiar tiene mucha responsabilidad en que las estadísticas que hablan del irrespeto a las niñas se disparen en Guatemala. Tanto los  padres como las madres deben orientarlas, y con ello ir al paso de los años, dándoles las recomendaciones de los peligros a los que se exponen.

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Desgraciadamente, tanto los propios padres como las madres son los que muchas veces tratan mal a sus hijas, y esto provoca que busquen acercamiento con personas que muchas veces no son las adecuadas.

Demasiados casos de abusos no se reportan, cometidos por los mismos familiares que están alrededor de las pequeñas. Cuando las menores deberían acudir a los hospitales por enfermedades, la estadística indica que el 85% de ellas lo hacen por embarazo, sin siquiera haber cursado ni a sexto grado de primaria.

De dichas niñas futuras madres, el  43% no sabe leer ni escribir, y el 12.32% de ellas están entre los 15 a 19 años.

Son alarmantes estos datos. Las niñas son muchas veces más vulnerables, pero poco a poco se están animando a denunciar a quienes les violan sus derechos humanos.

Hay muchos casos donde los propios padres son los abusadores, y ya se tiene un aumento de denuncia.

Pero no solo debe verse que el problema de abuso y maltrato está primero en la familia, tienen que ver las escuelas, las iglesias y el entorno social que les rodea. Es gran responsabilidad también del Estado, que no tiene políticas de protección para las niñas, ni tampoco les da oportunidades de educación y, en el futuro, oportunidades laborales.

Otros datos reflejan que, durante  2014, se reportaron 5 mil 100 casos de niñas embarazadas,  entre 10 y 14 años de edad; para agosto de 2015 ya había 4 mil 431 casos, de los cuales nueve eran niñas de 10 años, 54 tenían 11; 199, 12; 889, 13, y 3 mil 280 niñas de 14.

Los maltratos y abusos contra las niñas conllevan violencia y, según datos del Instituto de Ciencias Forenses (Inacif), de enero a agosto de este año, se han realizado 84 necropsias a cadáveres de niñas, en 2015 fueron 169 y un año antes 140.

De las 84 menores que han muerto durante este año, 44 ha sido a consecuencia de arma de fuego, 15 por asfixia por suspensión, 9 por sumersión, 8 por arma blanca, 3 por sofocación, 3 por estrangulación y 2 decapitadas.

Muchas entidades dan apoyo en la medida de sus posibilidades a los problemas de las niñas, pero no es suficiente. Los daños causados por una violación, el maltrato y otras formas muchas veces son irreparables.

Una menor embarazada no está preparada para llevar un nuevo ser en el vientre, pone en peligro su vida, su educación y, lo peor, su futuro. Los padres deben poner atención a sus hijas desde que nacen, y prepararlas para los peligros que nunca pensaron que afrontarían en la actualidad.

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