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Al estar con un empresario en plena junta de consejo, él narró cómo en sus fiestas de fin de año las colaboradoras que reciben premios por antigüedad, puntualidad, espíritu de servicio, o por cualquier otro rubro, traen con orgullo a sus familiares a la fiesta. Y muchos de estos familiares declaran públicamente que su esposa, su hija o su hermana se ha convertido en una mejor persona desde que está en la empresa.

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Por la experiencia nos damos cuenta de que la capacidad de renovación de las organizaciones depende de la capacidad de renovación de las personas que las integran. O sea que la renovación de las personas hace que las empresas se renueven también, o que el mejorar de las personas hace que las empresas mejoren también. Pero este empresario nos dice que la experiencia también muestra que sucede al revés, es decir, que las empresas mejoran a las personas. Y es verdad, también sucede así. Tal vez convenga profundizar un poco en ello.

Esta doble realidad se aprecia mejor en una sociedad mínima: el mejorar del marido hace que la esposa mejore también, y el mejorar de la esposa hace que el marido mejore también. Un refrán popular lo expresa diciendo que ¡nobleza obliga! Pero también es verdad que los seres humanos somos miméticos en gran medida: Dime con quién andas y te diré quién eres.

Hay quien se resiste a la influencia de un buen grupo, e incluso llega a deteriorarlo; y hay quien se resiste a la influencia de un mal grupo, e incluso llega a mejorarlo. Parece haber algo de misterio en la libertad de cada persona. ¿Cómo es que las empresas hacen mejores personas a sus miembros? ¿Qué es ser mejor persona? ¿Qué es la persona? ¿Qué es ser mejor?

Ser mejor es acercarse a la finalidad propia, a la plena realización de la propia naturaleza. Y esto, que vale para cualquier cosa, incluso de una manera determinista, la persona debe buscarlo, elegirlo y procurarlo libremente. La persona es un individuo inteligente, y en consecuencia libre. La libertad es la capacidad de elegir, querer o amar algo que se conoce. No se puede querer lo que no se conoce; sin buena información no se pueden tomar buenas decisiones.

Para mejorar como personas debemos conocernos como personas humanas –hay personas que no son humanas, como las divinas y luego hay que elegir, querer y procurar lo que nos realiza como humanos. Y eso en mucho es superar la soledad, porque somos sociables y necesitamos convivir bien con los demás, conociéndolos, respetándolos y amándolos. Crecer o mejorar como personas es crecer en el ser, en el conocimiento y en el amor. Crecemos en el ser teniendo hijos. Crecemos en el conocimiento estudiando e investigando. Y crecemos en el amor queriendo el bien del otro, también el propio, y trabajando para conseguir esos bienes.

Las personas humanas tenemos la vocación específica de trabajar en determinados campos, como la medicina, la ingeniería, la agricultura, etcétera. Y cada quien tiene que descubrir su propia vocación. La empresa es ya una sociedad que supera la soledad y que ofrece un trabajo realizador en determinado campo. Lo que hace falta es tener la persona adecuada en la empresa adecuada y en el puesto adecuado. Lo que hace falta es comunidad de fines, afinidad, entre el trabajador y la empresa, y así, en equipo, lograr los bienes que solos no podemos alcanzar.

Personalizando, yo, empresa, te hago mejor persona al ayudarte a que seas tú mismo, a que actúes, que hagas, que trabajes en aquello que te realiza y que nos realiza; y a que aprendas a hacerlo bien, en equipo, de modo que los bienes realmente se alcancen. De especial importancia es contratar al personal adecuado, lo mismo que no contratar al que no lo es. Y luego ejercer la importantísima función, educadora y realizadora, del liderazgo.

Finalmente, podemos afirmar que es responsabilidad del dueño de cada empresa generar también valor humano agregado, que sería como la suma del crecimiento como personas de todos sus integrantes, propietarios, ejecutivos y trabajadores.

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