El Siglo

Se progresa con realidades, no con discursos

¿Cuándo se da la eficiencia? Pues en el mercado, cuando las personas intercambian bienes y servicios voluntariamente porque les conviene; es decir, que cada una obtiene aquello que prefiere; cada una gana lo más que puede. De aquí que, el Estado, al imponerse coactivamente destruye, porque si fuerza a los ciudadanos (por caso, cobrando impuestos que preferirían no pagar) es precisamente porque no se realizaría espontáneamente, porque no les conviene. 

Cuando los burócratas estatales dicen que harán gasto estatal eficiente, mienten. Con soberbia pretenden que creamos que sus imposiciones coactivas -con base en el monopolio estatal de la violencia- serán eficientes porque ellos dicen saber mejor que nosotros lo que nos conviene intercambiar y lo que no. De modo que la razón de fondo que hace ineficiente a una economía y, por lo tanto, pobre, no es la ideología sino el nivel de coacción que el Estado ejerce sobre el mercado, sobre las personas: a más violencia, más destrucción.

Según el FMI, el PIB de América Latina caerá 0.6% en 2016, tras un estancamiento absoluto de 0% en 2015, y mejoraría recién en 2017, con un rebote superior al 1%. Por su lado, la Cepal prevé un crecimiento negativo del 0.8% en 2016. En cuanto a la economía global, el FMI prevé una débil mejora.

La crisis económica en Venezuela se profundizaría; Perú, Bolivia y Paraguay seguirían su ritmo moderado con tasas de crecimiento del 3.5%, en tanto que Argentina se contraería 1.8% en 2016, y Ecuador caería en 2016 y 2017.

Ahora, queda claro que la ideología no existe frente a las razones de fondo ni a las realidades coyunturales. Así, forzados por la realidad al caer la economía -y por ende los recursos fiscales-, se ven forzados a realizar importantes recortes del gasto público.

El populista Rafael Correa, de Ecuador, encara el ajuste más grande de América Latina, con una reducción de $800 millones, habiendo ya recortado $400 millones correspondientes a gasto corriente. Desde 2015 ya supone una poda de $2.220 millones.

Por: Alejandro A. Tagliavini

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