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El Estado es responsable de la emigración

Causa indignación propia y vergüenza ajena, que la vicecanciller Diéguez haya pedido que los guatemaltecos que emigran a Estados Unidos no sean tratados como refugiados, en su intervención en la Cumbre de Refugiados y Migrantes convocada por la ONU, aduciendo que los connacionales que migran no lo hacen porque sean perseguidos, ni porque su vida corra peligro o por políticas de Estado, pretendiendo tapar el sol con un dedo.

¡Por supuesto que el Estado de Guatemala es responsable de la emigración! Los migrantes se van por tres razones básicas: por gravísimas amenazas a su seguridad, por hambre, y por una pobreza extrema que les niega perspectivas de vida digna. Las tres causas responden a políticas de Estado, por acción o por omisión.

Guatemala es uno de los cinco países más violentos del mundo. Según el Inacif, en 2015 se registraron 5,677 muertes violentas, más de 15 diarias, con un promedio de 33 muertes por cada 100 mil habitantes. Esto implica un aumento de 2.6 puntos en relación con 2014, incrementándose la saña de los asesinatos, con 36 casos de víctimas decapitadas o desmembradas. ¿Una muerte violenta cada 96 minutos no es acaso una amenaza grave a nuestras vidas?

El Estado está obligado legalmente a garantizar nuestras vidas, lo cual incumple rotundamente. Casi todos los ministros de Gobernación han sido sindicados de desfalcar el presupuesto de seguridad, y varios están procesados. Los exministros Vielmann y Blanco Lapola están enjuiciados por crímenes de lesa humanidad, y el comisario general de la PNC, Erwin Sperisen ya fue condenado por el mismo tipo de delitos. Además, al interior de la PNC opera un cártel criminal, el de la Charola. Para colmo, entre enero de 2015 y abril pasado fueron capturados 450 policías por presuntos actos delincuenciales. ¿Acaso esta breve lista no ejemplifica una política de Estado por omisión, que obliga a migrar?

A pesar de que Guatemala cuenta con agua, clima y suelos para tener seguridad alimentaria, según Unicef tenemos los índices más altos de desnutrición crónica de Centroamérica y el doble de la región; en el ámbito mundial estamos entre los primeros cinco lugares. Si la mitad de nuestros niños padece hambre, ¿no es esa una política de Estado que obliga a migrar?

Hasta 2015, la economía de Guatemala creció el triple de la de Estados Unidos, produciendo torrentes de riqueza, que se concentraron en pocas manos. Según el Banco Mundial, Guatemala ocupa el cuarto puesto a nivel latinoamericano y el noveno puesto a nivel mundial en relación con la concentración de riqueza y el aumento de pobreza, por lo que ocho de cada diez personas son pobres. Contar con un modelo económico que genera riqueza para pocos y empobrece a la mayoría es claramente una política de Estado que provoca la migración de miles de excluidos.

La paradoja es que sin las remesas de los migrantes colapsaría el Estado que los excluye y expulsa. Entre 2012 y 2015, Guatemala recibió Q173,095 millones por remesas, siendo el segundo país que más recibe en el continente, con un crecimiento anual del 9.49%, equivalentes al 33% de las divisas.

En la misma cumbre que la señora Diéguez solicitó que no se les otorgara la protección de refugiados a nuestros hermanos, el Alto Comisionado de la ONU para los Derechos Humanos sostuvo: “La amarga verdad es que esta cumbre se convocó porque, en general, nuestras medidas han sido un fracaso. […] Un fracaso para millones de migrantes, que merecen algo mejor que una vida marcada de la cuna a la tumba por la indignidad y la desesperación”.

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