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Lo privado y lo público

La cadena de televisión CNN entrevistó hace unos días al exagente de inteligencia de Estados Unidos Edward Snowden, quien reveló cómo funcionaba el programa de espionaje de su país para vigilar las comunicaciones de millones de personas en todo el mundo.

Exagente de la CIA, Snowden, lleva tres años refugiado en Rusia mientras la justicia de su país lo reclama para juzgarlo. Es un caso similar al del periodista australiano Julian Assange, quien en noviembre cumplirá cuatro años de permanecer encerrado en la Embajada de Ecuador en Londres. Esto ocurre tras una persecución ilegal desde que los diarios The Guardian, The New York Times, Der Spiegel, Le Monde y El País coordinaron la plataforma de difusión de las filtraciones conocidas como wikileaks para dar a conocer mundialmente unos 250 mil cables diplomáticos con información confidencial, entre ellos, más de dos mil cables sobre Guatemala.

Las revelaciones de ambos personajes, Snowden y Assange, han dado lugar, por cierto, a una película de Oliver Stone, estrenada este mes en Estados Unidos, que revela qué es y cómo funciona el programa Prism, que permite penetrar en las “vísceras” de las principales empresas de Internet en Estados Unidos para interceptar y recolectar información, desde correos electrónicos hasta los comentarios y fotos de las redes sociales, usando las contraseñas de los propios usuarios.

Aunque el Gobierno estadounidense ha dicho que el programa se diseñó para enfrentar amenazas terroristas, Snowden sostiene que la vigilancia incluye a ciudadanos que no deberían estar bajo sospecha.

Pues hace pocos días, el hombre que puso al descubierto el modo en que Estados Unidos espía a millones de personas en todo el mundo le concedió una entrevista a Ana Pastor, para CNN. Explicó que, pese a las negativas oficiales, las operaciones de inteligencia, que antes se aplicaban solo contra extranjeros o sospechosos de actividades criminales, ahora se usan contra todos. Si no consultan a autoridades poderosas, como Berlusconi, Holland, Merkel o cualquier otro, menos lo harán con ciudadanos comunes.

De acuerdo con el exagente, el espionaje sobre los ciudadanos practicado por Estados Unidos, y no solo por Washington, sino por otros gobiernos en el mundo, rompe el equilibrio entre los ciudadanos y el Estado; atenta contra la libertad de expresión y otros derechos civiles, y priva al público de su derecho a participar en su democracia. En síntesis, las estructuras de poder que existen están trabajando para sus propios fines, sacrificando la libertad de todos los ciudadanos. ¿Qué defienden esas estructuras de poder incrustadas en el Estado? Si son sus intereses propios, dejan la opción de defensa de los ciudadanos por otros medios.

Por cierto, el Ministerio Público investiga un caso de espionaje contra políticos y defensores de derechos humanos realizado desde la Secretaría de Asuntos Administrativos y de Seguridad de la Presidencia (SAAS). Sin duda, aquí tenemos nuestros propios programas espías. ¿Lo vamos a permitir?

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