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Las ciudades del futuro

En artículos anteriores hicimos referencia a varios esfuerzos efectuados desde mediados del siglo pasado para ordenar el crecimiento de la ciudad de Guatemala. Hasta los años 50 puede decirse que la ciudad se extendió de forma ordenada. Esto sucedió incluso en el último tercio del siglo XIX y principios del XX, cuando se urbanizaron las áreas que actualmente ocupan las zonas 3 (inicialmente cantones Barrios y Barillas), 9 (cantón Tívoli) y 12 (La Reformita), de lo que dan fe sus anchas calles y avenidas, en una época en la que ni por asomo se podía imaginar el intenso tráfico de la actualidad.

Pero ese crecimiento ordenado se detuvo cuando la ciudad traspasó los límites del municipio de Guatemala. Por diversos factores, entre los que destacan los intereses de los lotificadores, no fue posible que la planificación del sistema vial, que al final es el que orienta el proceso de urbanización, se hiciera de tal manera que dejara suficiente espacio para la movilización de vehículos y de personas y quedara una reserva de tierra para servicios públicos. Puede uno verlo, por ejemplo, cuando la calle San Juan ingresa de Mixco, en El Rodeo. Sus tres carriles se reducen a dos. O la enorme lotificación San Cristóbal, con solamente tres accesos.

Pues bien, las ciudades del futuro o ciudades intermedias, como se les llama –Quetzaltenango, Cobán, Huehuetenango, Mazatenango, Antigua, entre otras– ya están viviendo una situación de caos, y este se agravará a paso acelerado en los próximos años. Quetzaltenango, con los municipios conurbados (Salcajá, San Mateo, La Esperanza, etcétera), tiene actualmente 308,854 habitantes, según el K’atun, que es casi la cantidad que tenía todo el departamento de Guatemala en 1950. Y los problemas de movilidad de Quetzaltenango, debido al congestionamiento de tránsito, son a menudo parecidos a los de la capital.   

A lo anterior hay que agregar que aparte de las deficiencias en materia de planificación y gestión del desarrollo urbano y de equipamiento de servicios e infraestructura, así como de coordinación entre las municipalidades cuando las ciudades abarcan dos o más municipios, los problemas de calidad de vida de la población están estrechamente relacionados con la pobreza que afecta a la mayoría de la población, que trae como consecuencia la imposibilidad para tener acceso a una vivienda digna.

Es indudable que los problemas urbanos se agravarán en el futuro cercano (2032 está a la vuelta de la esquina), porque el traslado de las áreas urbanas y rurales se está dando dentro de un proceso de creciente concentración de la tierra cultivable, que expulsa a las familias campesinas, para dedicarla a los monocultivos;  y de reducción del acceso al agua por parte de los pequeños agricultores. Y todo esto, agravado por los impactos del cambio climático en la previsibilidad del régimen de lluvias. Hace poco, en un municipio de San Marcos, nos decían “los agricultores ya no saben cuándo sembrar”.

Así que tendremos ciudades ordenadas, seguras, resilientes y competitivas, si hay recursos suficientes para soluciones de vivienda, áreas recreativas, infraestructura vial y transporte público; y si reducimos la extrema desigualdad imperante, que es la causa principal de nuestros males. Si no introducimos cambios en la forma como se reparte el pastel de los beneficios, la Guatemala urbana y rural seguirá siendo una bomba de tiempo.

Ante este panorama tan poco alentador, el gobierno sale con la novedad de crear un Ministerio de Desarrollo Urbano y Vivienda. Como que si todo se redujera a crear más dependencias púbicas. Al igual que los diputados con el nuevo elefante blanco del Instituto Guatemalteco de Migración. Ante un estado paupérrimo, no se les puede ocurrir otra cosa que multiplicar las instituciones, viceministerios y secretarías de la presidencia. Finalmente, enmendamos un error de la pasada columna, cuando mencionamos como parte del equipo de la Unidad Sectorial del Ministerio de Comunicaciones al Ing. Francisco Robles, pero su nombre correcto es José Luis Robles, ampliamente conocido como Chico Robles (de ahí el error), según me recordó mi querido amigo Roberto Prata, quien no fue parte de la unidad pero sí de esa generación de ilustres planificadores.

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