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El templo de los monos (2ª Parte y Final)

Por: Eduardo Weymann

Tal como se expuso en la primera parte de esta columna la semana pasada, no solo por el rendimiento de cuentas “muerden y arañan los monos” que se apoderan del control de las entidades autónomas y descentralizadas, sino también se convierten en sus propios jueces, a veces pisoteando y retorciendo, no solo la interpretación textual de la ley, sino las mínimas consideraciones que como funcionarios públicos le deben a la población que paga sus sueldos.

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Caso insólito fue el anterior Directorio de la Superintendencia de Administración Tributaria (SAT), que habiendo sido ordenada por un tribunal en 2005 la certificación de lo conducente contra sus miembros, entre otros delitos, por falso testimonio, estuvieron impune y plácidamente en sus cargos ¡11 años más!, argumentando que la Ley Orgánica de la SAT les otorgaba el beneficio de estar en sus cargos de forma vitalicia, aun con un proceso de investigación penal abierto. Claro, a los exdirectores les vino del norte una de las condiciones que establece la misma Ley de la SAT para tener la calidad de director: “honorabilidad” (eso incluye, por supuesto, no mentir bajo juramento ante un Tribunal de Justicia).  Afortunadamente, con el cambio que se hizo a la Ley Orgánica de la SAT en el Gobierno del Partido Patriota, y posteriormente durante la presente administración, esta figura perversa de un Directorio aparentemente “vitalicio” se eliminó, abriendo camino a la alternabilidad en el poder, condición sine qua non para una mejor rendición de cuentas.

Otro caso -vigente- es el del presidente del Banco de Guatemala, actualmente detenido por el caso IGSS-Pisa, que se rehúsa a poner a disposición su cargo, haciendo él -y la estructura institucional que lo protege- su propia interpretación de la Ley Orgánica del Banco de Guatemala. El todavía funcionario y su asesoría jurídica argumentan que en la literal c), del artículo 20 de la Ley Orgánica del Banguat, establece que el presidente puede ser removido cuando hubiese sentencia condenatoria. Sin embargo, los “monos del templo” se hacen de la vista gorda a lo establecido en el artículo 18, en el cual se establecen los impedimentos para ser miembro de la Junta Monetaria: No podrán ser miembros titulares ni suplentes de la Junta Monetaria:e) Los que por cualquier razón sean legalmente incapaces para desempeñar sus funciones. El juicio por el cual fue detenido hace más de un año el presidente del Banguat, ni siquiera ha empezado, por lo que es evidente que por su condición de privado de libertad, es imposible que ejerza sus funciones, dando absoluta e incuestionable validez al inciso e) del Artículo 18 de la Ley Orgánica del Banguat. Lo que no se entiende es ¿cómo la Junta Monetaria y la Superintendencia de Bancos no opinan nada al respecto? ¿Tanto poder tienen “los monos del templo”?

De nuevo, y como parte del “debido proceso moral” de un funcionario público, no se puede seguir extendiendo a antojo la interpretación del alcance de una institución pública autónoma y/o descentralizada. Bien valdría la pena recordar el caso de Strauss Kahn, ex director gerente del Fondo Monetario Internacional, quien, envuelto en problemas legales, renunció a los cuatro días de ser aprehendido (y posteriormente absuelto), diciendo: “…quiero proteger esta institución, a la cual he servido con honor y devoción…”. La dignidad de una persona no la da la ley, sino la persona misma.

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