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Gobernar con dos pies izquierdos

Esa parece ser la consigna de la actual administración del presidente Morales. Hay desatinos específicos con relación a los procesos de la administración pública y gestión gubernamental que solo se pueden explicar en términos del carácter de outsider del actual presidente. La ciudadanía quería un presidente sin experiencia;  ahora tienen una gestión que aprende sobre la marcha, independientemente de las implicaciones. 

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Algunos indicadores de esta situación, por ejemplo, lo constituyen haber retirado la propuesta técnica del Ejecutivo con relación al presupuesto. Por la razón que haya sido,  cuestión del timing político o algún error en el diseño,  ambos aspectos desgastan la figura presidencial y apuntan de nuevo a esa situación de no conocer el knowhow. Misma situación se puede referir al Decreto 5-2016 con relación al estado de calamidad. Si haberlo promovido para conseguir 15 días libre de compras por excepción fue un grave error, fue aún peor retirarlo a menos de 24 horas de su promulgación.  La salida política inteligente hubiera sido modificar específicamente algunos decretos para limitar el efecto del decreto a las zonas específicamente afectadas.   

Hay la impresión de una falta total de asesoría técnica. Esto no quiere decir que no existan cuadros técnicos en el Estado. Esto tampoco quiere decir que el titular del Ejecutivo no se pueda nutrir de datos e insumos en las reuniones de gabinete, en sesiones con las diferentes sectoriales o monitoreando la opinión académica en los medios de comunicación. Pero en la política real, ese tipo de insumos entra por una oreja y sale por la otra. Los presidentes siempre requieren la presencia de uno o dos asesores, muy cercanos a su oído, que sean capaces de traducirles lo que escuchan en diferentes foros. Lo anterior es más claro, cuando el titular del Ejecutivo proviene del sector privado o, como en el actual caso, de ninguna sectorial con relaciones políticas. E incluso, en algunas ocasiones con esa asesoría íntima los presidentes hacen exactamente lo opuesto al consejo recibido. Si a todo lo anterior sumamos las implicaciones graves de financiamiento ilícito en campaña, la administración del presidente Morales puede comenzar a introducirse en una espiral de ingobernabilidad.   

Si no tiene fuerza parlamentaria, solamente necesita que los partidos rivales huelan la sangre en la piscina para montarle un juego de entrampamiento legislativo o dirigir las baterías para que el Ejecutivo responda por los –aún solamente- rumores de financiamiento ilícito. Si continúa mostrando síntomas de improvisación permanente o no mide los tiempos políticos (un gobierno sin fuerza parlamentaria y sin popularidad no está en capacidad de articular una reforma fiscal), es posible que vuelva a activarse la protesta ciudadana. Y si continúa con aires de desplante frente a los actores de cooperación internacional que tutelan esta frágil democracia, es muy importante que la administración Morales recuerde que los testimonios del El Fantasma están en poder de la DEA. Y también, es importante recordarle la unión tan estrecha entre la Embajada de EE. UU. y la Comisión Internacional contra la Impunidad en Guatemala.    

Esta administración compuesta por outsiders que argumentaban ser diferentes de la vieja clase política decide jugar a mafiosos y me parece que han sellado su destino: o se acoplan a una agenda de reforma del Estado trazada por los actores exógenos (y acuerpada a veces por la sociedad civil), o simplemente van a revivir el escenario de julio 2015 volviendo a introducir el país en una espiral de inestabilidad que nadie necesita.   

Parece que el país está haciendo de la inestabilidad la única regla.

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