Home > Columnas > Por un nuevo Estado

Definitivamente las cosas distan mucho de cambiar. Se siguen sumando uno tras otro los escándalos de los políticos, desde la más alta magistratura hasta funcionarios medios, así como de servidores aprovechados, como lo sucedido en un centro arqueológico en el departamento de Chimaltenango, y otros.

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Esas son las consecuencias de un Estado incapaz de cumplir con sus funciones básicas y una práctica política espuria. Los órganos de control horizontal tienen graves desniveles y pareciera que por casualidad se obtienen hallazgos de las corruptelas y excesos hasta de los hijos de los hoy presidente y vicepresidente. La responsabilidad no es de la organización burocrática misma, sino de los procesos de captura y reconfiguración cooptada del Estado que han hecho de este un botín político en donde hay dinero corrompido y corruptor, impunidad, tráfico de influencias, clientelismo político y burocratismo. Indudablemente que el MP está desbordado y la CICIG ha sido arrastrada por esta correntada de casos que, a estas alturas, han de ser inmanejables, tanto para ambos equipos como para el sistema de justicia y el carcelario.

Es parte de lo que fundamenta el reclamo de combate de la corrupción y porque se definan mecanismos de transparencia. Pero hay que exigir más. El Estado vigente fue ideado de tal manera que permitiera la obtención de fabulosos beneficios de unos cuantos ambiciosos, montado sobre bases coloniales, autoritarias, racistas y antipopulares. Esto nos plantea la necesidad de abogar y luchar por transformaciones profundas que sean los cimientos que den vida a un nuevo Estado, en verdad democrático, inclusivo, que recoja la fisonomía plural de los pueblos y las culturas (y las nacionalidades) de Guatemala, articulado en más república, o sea un sólido Estado de derecho que proteja y promueva los derechos de la población y no solo de unos.

Un académico guatemalteco que vive actualmente fuera del país sostiene que esa idea del Estado nuevo, de la refundación del Estado, representa algo así como el retorno de lo reprimido; tal vez deberíamos agregar, el retorno de lo oprimido y subalternizado a fuerza de violencia institucional y fascismo social que se recubre de miedo al Otro y a la Otra, en especial en las áreas urbanas y, de manera muy particular, en la ciudad capital.

Con esto, lo que se quiere decir es que en las actuales circunstancias y deliberaciones al interior de diferentes agrupaciones y sectores de la sociedad, de lo que estamos siendo testigos es del retorno de las iniciativas, las luchas y los aprendizajes de la historia. En las grandes movilizaciones y luchas defensivas del territorio, de la naturaleza y contra la discriminación en el país, puede acumularse fuerza para construir un poder que adquiera capacidades constituyentes. Dicha expresión incluye la disputa de poder en las calles y la lucha política en diferentes planos, además de la parte formal de las instituciones, ganando votos. La discusión debe continuar y extenderse.

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