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La Constitución y las leyes

Dentro de la Constitución, todo. Fuera de ella, nada. Eso afirma cualquier constitucionalista. De tal manera que un estado de emergencia que limite derechos constitucionales no puede emitirse sin que produzca reacciones en cadena, que luego pueden derivar en una avalancha de críticas no deseables y que pueden ser incontrolables para cualquier gobierno. Por eso se produjo una nueva crisis, de las muchas que ha afrontado el actual gobierno.

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Hilando fino, alguien se pregunta si tan garrafal error tuvo que corregirse al echar para atrás la restricción de garantías ciudadanas consagradas en la Constitución, o si, por el contrario, no fue error sino una medida que llevaba otra finalidad, que era el control de “tentaciones autoritarias” que pueden ser más destructivas que las lluvias, o un tsunami.

Un análisis serio debe ser fundamentado con informaciones y no solo con apreciaciones subjetivas del autor. No acostumbro iniciar un enunciado o una afirmación con las palabras: “Al parecer”. No somos tan irresponsables con nosotros mismos ni con los lectores para hacerlo. Pondremos un ejemplo.

“Al parecer, aquellos que desde la sociedad civil se preparaban para ser ellos el cambio que se buscaría con empujar la renuncia del actual gobierno se quedaron sin el mico y sin la montera, porque se detuvo el impulso de una alianza de sectores de la oligarquía y oficiales de alta en el ejército para imponer un recambio con sectores rosados de la sociedad civil que se prestarían a un golpe de Estado”.

No podríamos afirmar tan aventurada opinión, aunque la precediéramos con: Al parecer. Todo queda en el marco de la especulación y no de una afirmación seria y fundamentada científicamente.

Los procesos sociales no son determinados por nuestros deseos personales o de grupo. Estos se generan y se producen en la medida en que tenemos un plan de acción y un programa a realizar después de los actos que nos lleven a conducir un proceso, porque somos los impulsores más claros y decididos de esos procesos. No puede generarse caprichosamente un proceso social de cambio. Es la acumulación de factores a nuestro favor lo que llevaría a generar y encabezar un proceso social.

Pero en este país, donde cualquiera puede afirmar que somos “un país de mierda” y muchos hijos de… este país le apoyan, cualquier cosa puede afirmarse, porque nunca hay consecuencia de las palabras, así sean estas las más soeces de la historia. Luego se justifica por algunos incautos que somos un país malhablado. Pero olvidan que no insultamos tan groseramente la tierra que nos vio nacer y nos da de comer.

Lo cierto es que una decisión que aparenta haber sido errónea, quizá lo erróneo es que no supimos qué la motivó y lo que estuvo detrás de ella. Nunca aprendemos a ser más profundos en el análisis y nos quedamos en lo superficial, en la periferia.

Aquí, la mano peluda de la oligarquía se mueve respondiendo a sus propios intereses y no permite los intereses ajenos. Aquí somos un país tutelado donde muchos sienten que es mejor serlo y responder a los intereses del país tutor: los gringos, pues. En este “país de mierda” no se mueve la hoja del árbol sin que ellos no lo deseen. Aquí, las leyes o iniciativas de ley vienen en inglés, o hasta exembajadores como mi amigo Stephen MacFarland nos corrigen cómo deben ir redactadas para que sean aprobadas.

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