Home > Columnas > El engaño del bilingüismo

El periódico electrónico Plaza Pública publicó recientemente la nota Interculturalidad, la parte inventada de las escuelas (goo.gl/l6g5bj) pero, a pesar de lo denunciado, la reacción ha sido casi nula. En síntesis, el reportaje evidencia que los profesores de primaria, particularmente del departamento de Guatemala, al desconocer el idioma maya predominante en la región, kaqchikel, y no contar con ningún apoyo gubernamental para lograr su objetivo, simplemente dan por aprobada esa asignatura, pues de otra manera no pueden promover a sus alumnos. Hay que tener claro que no ocupan plazas de profesores bilingües, por lo que no tendrían obligación de ofrecer tales contenidos. La denuncia es pesada, y en otras condiciones o si fuese otro el tema, el escándalo habría sido enorme y estarían ya varios líderes empresariales y organizaciones civiles pidiendo la cabeza del ministro y sus subalternos. Pero como la cuestión tiene que ver con enseñanza pública y con idiomas indígenas, las reacciones no han pasado de un pequeñísimo grupo de comentarios al pie de esa nota, varios cuestionando la importancia de la enseñanza de un idioma maya. En el gobierno actual y sus allegados, nadie ha visto ni dicho nada. Desde hace casi veinte años, en Guatemala se ha discutido sobre la importancia de la educación bilingüe intercultural como instrumento indispensable para la construcción de una sociedad cohesionada, capaz de enfrentar colectivamente los retos que el desarrollo mundial nos impone. No son pocos los que en todo este tiempo, sin profundizar en el tema, han cuestionado la propuesta, argumentando que los niños lo que necesitan es aprender inglés, porque eso “da trabajo”. Si bien esto es cierto, es necesario tener claro que si efectivamente queremos construir nuestra identidad como nación tenemos que comenzar con el idioma, instrumento y base de la construcción de una cultura. De nada sirve que para celebrar la Independencia se haga gala de indianismo, si a la vuelta de la esquina confundimos mal de ojo con enfermedad ancestral. Lamentablemente, las autoridades educativas del gobierno anterior, y por lo visto también las del actual, han querido tapar el sol con un dedo, haciendo uso de la demagogia y oportunismo más ramplón. Lograr que los idiomas originarios sean valorados y comprendidos por los monolingües hispanoablantes no es solo cuestión de poner un requisito en el currículum nacional base. Implica formar maestros especializados, exige la producción de materiales didácticos de calidad y, sobre todo, que los idiomas sean usados de manera activa en la vida social y cultural del país. En todo esto, es necesario decirlo, la Academia de Lenguas Mayas ha actuado irresponsable y acomodadamente, siendo incapaz de promover activamente tales lenguas. Y si muchos de los mayahablantes no escriben en su idioma, porque la imposición del idioma franco ha sido intensa durante centurias, a lo que se ha unido el desprecio, abandono y en el que las poblaciones indígenas han vivido, hacer que los aprendizajes de lectoescritura de los alumnos con un idioma maya como lengua materna (L1) exige un cuidado más que especial, pues los docentes de primero y segundo grados deben ser altamente especialidalizados, no solo en el idioma, sino en las metodologías de su enseñanza. De nada sirve que demagógicamente se usen corbatas y sacos con ribetes de telas típicas, mucho menos que se hable de nahual o se realicen folklóricamente ceremonias supuestamente mayas, si no se hace una inversión seria en la producción de material didáctico, formación efectivamente profesional de docentes con contrataciones decorosas y, sobre todo, con investigaciones históricas que permitan recuperar lo efectivamente originario, asumiendo que toda la parafernalia folklorista es producto de la imposición conquistadora que, si bien puede mantenerse, no debe asumírsele como ancestral. Valorizar nuestro pasado no es cuestión de desfiles de trajes típicos; es profundizar en las razones fundamentales de la exclusión de los indígenas desde siglos. Si las culturas mayas y ladina actuales son producto del violento y sangriento proceso de mestizaje, su recuperación como bien colectivo no puede hacerse con falsedades ni simulaciones.

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