Home > Columnas > Otra vez, los buitres

Resulta paradójico que el embajador Todd Robinson se considere el adalid contra la corrupción en nuestro país, cuando hace un par de días Wikileaks demostró de qué manera Barack Obama vendió importantes cargos diplomáticos a financistas de su campaña presidencial, a precios exorbitantes. Solo la embajada en el Reino Unido costó $3.5 millones al actual embajador de los Estados Unidos, un empresario que, según la prensa, sacaría ventaja personal de su cargo. Si eso no es tráfico de influencias, entonces qué es. Ese es el gobierno que pretende dictarnos cátedra acerca de lucha contra la corrupción.

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Y qué decir del comisionado de la CICIG Iván Velásquez. Colombia, su país natal, en el que se desempeñó como fiscal, dista mucho de ser ejemplo de transparencia en el tema judicial, ámbito en el que Velásquez desarrolló su sumamente cuestionada carrera profesional. Al llegar a Guatemala, Velásquez dejó tras de sí un oscurísimo rastro de malas artes en el oficio de fiscal, que sigue utilizando aquí, llegando al colmo de servirse descaradamente del sicariato periodístico.

El ataque de la embajada por medio de la CICIG, en contra del presidente Jimmy Morales es intenso. Aprovecha la falta de carácter del mandatario –al carajo lo de la falta de experiencia; son pantalones los que le faltan al presidente-. Pero la primera presa no sería él, sino el vicepresidente Jafeth Cabrera, para colocar en su lugar un peón, que probablemente será Juan Alberto Fuentes Knight, exministro de Finanzas de Álvaro Colom, que desde esa cartera nos endeudó en Q20 mil millones, y que además se supone involucrado en el negocio sucio del Transurbano. El plan B sería Edgar Gutiérrez, sindicado por el delito de terrorismo durante el enfrentamiento armado, además del delito de incumplimiento de deberes -entre otros-, cuando fue funcionario de la administración de Otto Pérez Molina. Está claro que ninguno de ambos personajes tiene la calidad moral necesaria.

Otra vez, como hace un año, los buitres de la extrema izquierda ven cercano su posible acceso a la primera magistratura por la vía rápida, ante una eventual renuncia de Jimmy Morales, mientras la derecha rosada se dedica únicamente a observar.

Mientras tanto, la CICIG sigue haciendo aquí lo que le viene en gana, inmersa en una lucha política, sin que el presidente Morales tenga los arrestos para revocar la inmunidad diplomática de que gozan sus funcionarios para obtener sus fines. Ya lo dijo Francisco Pérez de Antón: La impunidad crea hábitos irrenunciables.

¿La solución? Un utópico liderazgo desde el Ejecutivo, apoyándose en la fiscal general Thelma Aldana, para atacar la corrupción y la impunidad sin fines políticos.

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