El Siglo

“No matarás” … o, ¿“No asesinarás”?

Si un debate es intenso en esta -y en cualquier sociedad- es el tema de la pena de muerte, precisamente una controversia que hoy está en la mesa del debate público nacional. En el ánimo de contribuir con este debate, Siglo.21 trae a colación algunos argumentos que estima pertinentes considerar.

A nivel global, la posición al unísono de los organismos internacionales en el ámbito de los Derechos Humanos es la de un tajante no a la pena de muerte, aplicando argumentos por igual, a países desarrollados, en desarrollo y subdesarrollados.  Pareciera que todos los países tuvieran los mismos procesos internos de desarrollo en materia de justicia e investigación penal, asunto que está claro que está muy lejos de ser así. Hasta los países desarrollados tuvieron su etapa de la aplicación de la pena de muerte en sus legislaciones, y tuvieron que pasar décadas, ¡y hasta siglos!  abolir la pena de muerte de su legislación nacional.

La pena de muerte no es un disuasivo, es simplemente una pena más, y como cualquier otra pena, sí se transforma en un disuasivo efectivo, en la medida de la certeza de su aplicación. Se teme, por otro lado, que, con las fallas estructurales de los operadores de justicia en nuestro país, se comentan graves injusticias; sin embargo, este temor debe disminuir en la medida que las instancias a cargo de la investigación penal cuenten con mejor tecnología y protocolos más exhaustivos, que reducen ese riesgo.

Otro argumento que se ha venido esgrimiendo en esta discusión, es desde el punto de vista de la fe de cada persona.  Los Diez Mandamientos es el conjunto de principios que rigen la conducta humana en el judaísmo y el cristianismo. y según nos enseña el Compendio de la Iglesia católica, el Quinto Mandamiento es No Matarás. Sin embargo, en el hebreo original en que se escribieron las Reglas de Dios, la traducción al castellano de hoy es “no asesinarás”, dos palabras que en castellano tienen significados muy distintos.

Por otro lado, el Catecismo Católico, en su disposición 2266, textualmente establece: A la exigencia de tutela del bien común corresponde el esfuerzo del Estado para contener la difusión de comportamientos lesivos de los derechos humanos y de las normas fundamentales de la convivencia civil. La legítima autoridad pública tiene el derecho y el deber de aplicar penas proporcionadas a la gravedad del delito… Y agrega el Catecismo Católico, en su disposición 2267: La enseñanza tradicional de la Iglesia no excluye, supuesta la plena comprobación de la identidad y de la responsabilidad del culpable, el recurso a la pena de muerte, si esta fuera el único camino posible para defender eficazmente del agresor injusto las vidas humanas.

Hay un hecho innegable: más del 80% de la población está con el si a la pena de muerte, ¡y será para menos! Es precisamente la industria del sicariato la que sostiene la perversa y ruin práctica de las extorsiones que tiene de rodillas a nuestra población. Ante esa realidad, la clase política debe darle una respuesta pronta a la población en torno a la pena de muerte, y pronta porque el costo de la vida humana en Guatemala, es cada vez menor.

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