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La Universidad Rafael Landívar, del 19 al 22 de septiembre, realizará la Semana Científica Universidad, Estado y transformación social. En esta ocasión será responsabilidad de la Vicerrectoría de Investigación y Proyección, integrada por los institutos de investigación y de estudios superiores, las unidades dedicadas al desarrollo, la incidencia pública y la opinión pública. La convocatoria es abierta, de acceso completamente libre y sin ningún costo, dedicado a la comunidad estudiantil, docente, de investigación y a la sociedad en su conjunto.

El programa propuesto es vasto y fascinante. Su importancia radica en que en el país y en el mundo estamos en una época de tránsito, de incertidumbre y de grandes desafíos para la capacidad creativa del talento humano en la búsqueda de alternativas viables a los riesgos y amenazas que afrontamos. Como país, hemos empezado a dar pasos en las artes, en los deportes, en alguna renovada preocupación ciudadana por los asuntos públicos, en el mejoramiento funcional de algunas dependencias públicas. Pero es insuficiente y en este proceso, que también encierra tensiones y antagonismos, las universidades tienen una gran responsabilidad que aún es poco visible. Eso debe revertirse.

De esa cuenta, la Semana Científica es una contribución para que la academia ocupe el lugar que le corresponde en la generación de propuestas de solución a los problemas de nuestro país, de fórmulas nuevas que se correspondan con la realidad que debe cambiarse de manera profunda. Poner en cuestión nuestras creencias, prácticas y formas de relacionamiento, las estructuras sobre las que se sostiene la vida, la producción de riqueza, el reparto, la tasa de ganancia, las desigualdades y la manera en que tantos compatriotas son expulsados hacia países del Norte en busca de oportunidades, o hacia barriadas miserables sin más opción que la pandilla.

Es esto un espacio abierto a la discusión sobre la cotidianidad de las personas, el trabajo, las calles, la autoridad que se ejerce, sobre la ética en la función pública y en la política. También sobre las oportunidades que ofrecen los cambios tecnológicos y nuestro papel en la degradación del medioambiente y sus efectos en el planeta. Lo mismo en cuanto a los esfuerzos reales o ficticios para erradicar la discriminación y el racismo contra los pueblos indígenas, la violencia patriarcal contra la mujer, las exclusiones a la juventud, la niñez y la adultez mayor.

Hablamos, pues, de una contribución excepcional a la reivindicación de nuevos espacios de deliberación académica, de re-prestigiar el debate y la reflexión política y de conectarlos con las preocupaciones de la gente, con los movimientos populares, con los pueblos indígenas.

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